
A decir verdad no concibo una mañana sin jugo, así como la mayoría de la gente lo primero que busca para que le funcione el cerebro es un café, yo busco con ansiedad un jugo. Ya sea el humilde jugo de naranja, el de toronja, de zanahoria, mandarina, pasando por los combinados de mayor popularidad, Vampiros: betabel, apio, naranja, piña; o Verde: nopal, toronja, perejil, piña.
Soy una afortunada en mi barrio, (queda excluida mi vecina Doña Perra y sus perritos), porque encuentro muchos lugares en las esquinas o en comercios establecidos en donde me preparan jugos. El mejor de ellos es un establacemiento a tres cuadras de mi casa en donde se dan gusto torturando con el exprimidor toda clase de frutas y verduras. Yo diseño el jugo que quiero y me lo preparan. Me siento agradecida con la vida después del primer trago que pasa por mi boca.
Me considero una jugoadicta y no me da pena decir que no los preparo yo, me gusta que me lo hagan allí sin tener la molestia de estar en casa lavando todos los aditamentos que requiere un extractor o una licuadora. El lugar es bastante higiénico y las mujeres que están a cargo me atienden muy bien.
Las noticias nos informan del recrudecimiento de la influenza, lejos de cualquier vacuna que por supuesto no me podría ni loca, prefiero hacerle una reverencia a esa exquisita manera de alimentarme y protegerme: la jugoterapia. Porque en mis peores momentos con la quimio mi salvación fueron los jugos. La debilidad que acompaña tan salvaje tratamiento se me olvidaba al hacerme un jugo de berros, espinacas y de mandarina. Suena raro, sabe rico.
Ya dije aquí anteriormente que estoy tomando un jugo con nopal, apio, perejil, toronja, piña y chayote crudo, lo estoy tomando casi a diario pero ahora con un plus: alfalfa germinada. Podrán hacer gestos al leer esta combinación pero mi cintura se ha reducido gracias a este brebaje y sobre todo me da bastante energía para todas las actividades que realizo. Y no me digan nada sobre la cantidad de azúcar que tienen los jugos porque eso es inevitable. Yo hablo de mi experiencia y de mi rendimiento físico, no desde el punto de vista nutricional que en cada persona varía según su metabolismo y actividad física.


cesitar un menú de este tipo.









Esto que parece un helado de marca trasnacional no es tal, no se crean la apariencia, yo reciclo además de frascos, también envases. Este contiene mi helado de Rapadura, que me dió la receta 
Volviendo al refrigerador ahi guardo mermelada de zarzamora que estoy consumiendo actualmente y una conserva de xoconostles en almíbar que hice el domingo después de ir a Teotihuacan y conseguirlos.
Tuve que sacar el frasco de los limones estilo marroquí en conserva para sacarle fotos, este lo hice desde hace más de un año y se conserva perfectamente. A éstos los preserva la sal. Son facilísimos de hacer y su sabor es estupendo. Sirven muy bien para acompañar el cordero.



Se pelan y pican en rajas o rectángulos las berenjenas. Se pone el aceite en un recipiente que no sea de aluminio y se deja calentar, se frien ahí los ajos sin que queden dorados, luego se agrega el vinagre y la berenjena, por último la albahaca, la sal y se mueven constantemente. Se dejan hasta que esten cocidas.
Aquí listo para disfrutar la berenjena con una baguete, mayonesa, lechuga y jitomates deshidratados en el horno.
Bueno, ahora sí que me cansé haciendo esta entrada, sacando mis frascos de lugar y llevándolos a la luz para que salieran mejor las fotos. La verdad es que lo mío lo mío es comerme todo esto.








Desde una azotea de un populoso barrio en plena ciudad de México, declaro formalmente inaugurada la recolección de jitomates hidropónicos. 




















Se puede hacer una cama con hojas de lechuga y encima colocar la ensalada. En este caso yo corté unas rebanadas de jitomate, porque no tenía lechuga. Esa es toda la simpleza de esta ensalada. Ah, y si pueden no cultiven cariñitos de un instante, así que chiste.









Nuestras vainas están listas












