
viernes, noviembre 30, 2007
miércoles, noviembre 28, 2007
Doy gracias a mi estómago por los favores recibidos

1. Valorar sobre nuestra mesa el desayuno de todos los días y en la hora de la comida el cotidiano menú de ingredientes conocidos. La creatividad se va desgastando. Pero hay algo que no vemos, un amable intestino que trabaja al cien por ciento y procesa con fortaleza la comida que le acercamos.
2. Cuando las cosas fallan, cuando la carga genética es más fuerte que todos los cuidados, no queda otra cosa que llegar al hospital de emergencia. Depositar la vida en esos seres vestidos de blanco, extraños y hostiles. La salud se desvanece irremediablemente.
3. Cinco días sin probar alimento, sin tomar una gota de agua. Siempre había pensado que Gonzalo tenía algo de faquir en su vida (al menos vivir conmigo lo amerita), y aguantó, aguantó. Yo hubiera ladrado y doblado las paredes al primer día.
4. Luego, esperar otra vez a que ese intestino vuelva a tomar fuerza y procesar el más leve alimento. Hay una contradicción tan grande en los hospitales porque no es ahí el lugar donde den el sustento más apropiado para volver a regenerarse, ¿por qué será tan mala la comida de un hospital?
domingo, noviembre 25, 2007
Etiquetas
Por ejemplo, voy a ver una mala película: El Cobrador, una colcha de retazos fruncidos y mal cosidos de abuela miope que hizo Paul Leduc con los cuentos de Rubem Fonseca. Uno sale de la película sintiéndose estafado para alcanzar a decir: PINCHES MAMADAS DE PELÍCULA. Esta etiqueta la tiene Omar y viene a mi mente cuando me topo con algo así.

O cuando dije algo inadecuado y luego me arrepiento terriblemente; mi boca explota y las palabras salen en estampida adelantándose a mis pensamientos. En este caso me acuerdo de Irene cuando dice: YO Y MI GRAN BOCOTA
¿Quién no es como Guillermo? Cuando uno mismo se promueve, anuncia algo o simplemente trata de venderse. ¿Quién no anda por la vida con su SHAMELESS SELF PROMOTION?
Aunque últimamente él ha estado bastante flojo para postear y para poner etiquetas.
De repente, de la nada siempre sale un conocido o un familiar lejano que le interesa chismosear con tu vida, escarbar en esa pared llena de humedad y rascar, rascar hasta que se venga encima y por fin te haga hablar. Es@s tip@s andan por la vida navegando con bandera de psicoterapeutas de pacotilla y se adelantan con sus juicios erroneos como si estuvieran compitiendo en una carrera. Pero si esas son COSAS DE MI VIDA QUE NO LE IMPORTAN A NADIE. Aunque a La Chilangelina no le importe revelar las suyas. Aun así hartos voyeristas le dejan recados.
La más prolífica de las clasificadoras es la querida Criseida con más de 33 etiquetas en su haber (y faltan las que se le ocurran), aunque he de decir que la más recurrente y emblemática de su persona y la mía es IDA DE LA MENTE. Ni modo por algo será que tenemos un blog.
martes, noviembre 20, 2007
Disculpa
Si ustedes pueden comer del congelador se los dejo abierto.
Espero volver pronto
viernes, noviembre 16, 2007
Regalo misterioso
El otro día en la mañana al salir de mi casa me encontré con una bolsa de papel. Me sorprendió que la bolsa estaba adentro de la reja. Ya me vinieron a dejar un bicho, pensé, o a lo mejor es una broma y me encuentro con algo asqueroso. Me asomé cautelosa y poco a poco fui descubriendo que venía otra bolsa de plástico con algo más. Me atreví a levantarla y traté de adivinar que había adentro. Había un topper con algo que parecía comida. Lo saqué de la bolsa y vi que era algo con pan remojado y queso, parecía capirotada. Me dio risa y decidí meterlo a mi hogar. No avisé a nadie en a casa del hallazgo y me fui a mi destino porque ya se me hacía tarde. Al regresar a la casa se habían ido todos y la bolsa seguía en el mismo lugar en que la había dejado. Mi paranoia comenzó a dar frutos.
Revisé el topper, efectivamente era una capirotada con pasas y queso. Pensé un montón en mi exsuegra que en Semana Santa me preparaba una buenísima. A lo mejor en compensación del bonito altar de muertos que le ofrecí, me vino a dejar un regalito. Nooo, con bolsas de papel de Springfield y un topper de tapita amarilla nooo. Los muertos no hacen ofrendas de agradecimiento a los vivos, cálmate tú, cuando mucho te mueven de lugar las cosas para que sufras buscándolas.
Les hablé por teléfono a las posibles donadoras del misterioso regalo: la primera no estaba en México. La segunda me dijo que ella no había sido, sin embargo me contó una historia similar, que en su casa una vez le dejaron bolsas de comida, pero un montón, como si fuera a alimentar a una peregrinación. Mi amiga no la comía porque temía que estuviera envenenada y la tiraba a la basura. Yo me extrañe más con eso que me contó. ¿Quién diablos me la trajo? A lo mejor doña Perra me lo había dejado. Creo que es la única enemiga que podría mandarme algo envenenado. Sí, el pez por su propia boca muere, chin y la capirotada olía rico, no se veía que tuviera nada extraño.
Así estuve casi toda la mañana, hasta que casi al mediodía apareció el dadivoso y misterioso sujeto que me dejó ese delicioso regalo. Resulta que hice pan de muerto y mi hija le dio a Olmo, uno de sus amigos, (comensal de un diálogo en este blog ). Él en agradecimiento nos trajo a convidar de la capirotada que hace su abuela. Un postre de antaño, obviamente de abuelitas, no había más que buscarle.
Uno hace el bien y no mira a quién, una hace el pan y no espera más. Así son estas historias de comida que van y vienen, así es esto de dar, darse uno, y recibir. Sobre todo cuando hay fama por detrás de buen diente, seguido me llegan regalitos, que se le va hacer. Aunque pocas veces me agarran desprevenida.
domingo, noviembre 11, 2007
¿Dónde quedó mi dealer?
En la calle de Corregidora, hasta cuando yo era pequeña había un montón de ambulantes, aunque sea de a “toreros” , jalando sus mercancías ´pá allá y ´pa acá, y ahora que sorpresota me llevé al verlas. Sobre todo una calle que siempre ha estado hasta la madre de gente: Correo Mayor, que tenía otro aspecto; además de que están cambiando el drenaje y el alumbrado público, un buen trecho está en obra.

Correo Mayor, ¿desde cúando que no lo veíamos así?
¿Hasta que punto esto es normal? Los valores han cambiado y los derechos de la calle también. Si no encuentro un trabajo, si me han corrido del que tenía, si ya rebaso la edad, ¿De qué chingados voy a vivir?
Esa es la pregunta que se hacía un señor que hace unos tacos fabulosos en la calle de Victoria y Marroquí, lo mejor de estos tacos como muchas otras taquerías es su salsa molcajeteada y martajada de chiles cuaresmeños bien picosos, nomás de acordarme de ella salivo haciendo un charquito sobre mi compu. Afortunadamente para él, la medida de veto al ambulantaje no comprende esas calles, de la que se salvó el Don y mi paladar. La que si no tuvo suerte fue una mujer que vendía exactamente a espaldas del Palacio Nacional, una señora con unas extrañísimas y originales gorditas de maíz azul martajado de forma triangular, las rellenaba de chicharrón prensado que ella misma sazonaba dándole un toque singular y eran exquisitas. Créanme que hablar de gorditas de maíz es hablar de lugares comunes, sin mayor pena ni gloria, pero cuando menciono estas es porque eran únicas y sabrosísimas. Antes, cuando andaba caminando por esas calles tenía la certeza que podría aguantar tanto regeetón rompiéndome los tímpanos, tantos empujones y bravuconadas de la gente por irme a deleitar de las extrañas gorditas triangulares de maíz martajado. Ahora las calles atrás del zócalo están vacías, sin escándalo, sin ambulantes, alguno que otro vendedor “torero” desafiando y afianzando su poder de venta. Pero la mujer de las gordas ha desaparecido. Quién sabe debajo de que piedra se habrá ido a meter, tampoco sé si los ambulantes regresarán a copar las calles ahora en la vomitiva temporada navideña, sólo sé que cuando voy al centro ya no puedo echarme mis gordas.
Moneda, aunque usted no lo crea
a ver ¿que calle es esta?


Estos vendedores fueron más precavidos y dejan huella para saber dónde encontrarlos


Hasta limpia estaba la calle de La Sántísima

Esta es Mesones, ¿la reconocen?
miércoles, noviembre 07, 2007
De como las cosas cambian
¿Y que pasa cuando uno escribe un blog y luego este termina en siendo un libro?
Pues ese fue el destino que tuvo la neoyorquina Julia Powell en 2006, una chef aficionada, con su libro que ganó el primer premio literario para obras que originalmente aparecieron como blogs. Este premio se llama Blooker, neologismo que viene de blog y book.
por la imprenta Brown de Little, de Warner Book Group, con más de 100.000 copias. (Ah, cómo se nota por la cantidad de publicaciones que fue en un país de primer mundo) Reproduzco aquí lo que dijo un miembro del jurado del Blooker y que me parece muy interesante: "Los que rechazan a los blogs argumentando que son sólo meros diarios personales están dejando de apreciar cuán poderoso puede ser un medio como ése en manos de alguien con el talento de Julie Powell".
Yo conozco algunos blogs que disfruto y muchas de sus entradas son magníficos episodios de un buen libro.
domingo, noviembre 04, 2007
Post para Cristina
CARMEN- Ah, sí...un día de estos. (Creo que solamente un perro muerto es el único que he publicado aquí y las narices de otro por aca)
Entonces ahi va la Carmen, complaciendo a todo el que le pide algo.
Así que... querida Cristina, aquí tienes a tu perrito, de la única forma como yo lo podría ver.



