"Porque es nuestro existir, porque es nuestro vivir, porque él camina, porque él se mueve, porque él se alegra, porque él ríe, porque él vive: el Alimento"



Códice Florentino, lib,VI, cap.XVII

domingo, septiembre 02, 2007

La escondida respuesta o el color de dios


¿De qué color es la espalda del dios que camina

por las veredas pegajosas del mercado?

¿En la nuca del dios hay

un tiempo distinto de los años que en su rostro

sin arrugas contemplamos?

No respondas ninguna pregunta

que no lleve angustia a los huesos endurecidos de tu frente.

No

contestes a las respiraciones con que el aire corroe sin prisa

los ladrillos las maderas los metales las cortinas

de tu casa en el hoy de este ayer.

Pregunta solamente con la voz de un loco

que entierra su lengua en los sombríos sonidos

de su silencio solitario.

Vuelve a preguntar por el cotidiano verbo

de todos los habitantes de esta ciudad

maldecida por el polvo.

Repite tus sílabas cuenta las letras las frases

los recursos del idioma que cambia contigo

al transformarte.

Y entrega ofrece abandona así

Las rasgadas razones que tu dolido paladar jamás podrá

explicarle a ninguno ni a nadie.

¿Cuántas dimensiones tiene

el dios que transita por las cobijas del burdel

o los escupidos escalones del estadio

o los pisoteados coágulos de las carnicerías?

¿Cuanta luz

contienen las sórdidas señales que el dios utiliza

para abrir los caminos como lenguas de inusual dragón

o de quieta serpiente?

Tampoco respondas cuando sean tus encías

esclavas pasajeras de la verdad:

cuando la ácida memoria de un objeto similar

a un corazón contamine las indefensas gestiones

de tu boca.

No quieras responder: destruye ese deseo

desesperado de bicho soledoso que te lleva a descubrir

a eructar a masticar a regurgitar a oscurecer las palabras

que son nada más que fantasmas del dios.

Retírate de tu respuesta

como un vientre que no quiere

contigo unificarse:

apártate de la fuerza del fuego

que se nutre de las babas y las basuras

y las banalidades de esas de esas criaturas extranjeras

que todavía no saben ni defecar ni respirar

ni construirse

como los altos animales que son partículas

de las iluminaciones del dios en otros mundos.

¿A qué

huele la entrepierna del dios?

¿Huele a hembra desvelada

y actuante? ¿a macho calcinado y hacedor?

Aléjate de toda

respuesta: que la pulsión del sueño se descomponga

en tu frente. Que la arena salobre penetre en tus ojos

y la gastada espuma del amor

ciegue tu boca:

Así callaras como ahora

entre invisibles papeles

indecibles pausas

invencibles palabras.





Saúl Ibargoyen
poeta uruguayo-mexicano
de Poeta Semi-Automático
Universidad de Guanajuato

3 comentarios:

Otra Chilanga dijo...

Una joya al pie del Cerro de la Silla, sin duda. Es un halago para nuestro país que escritores de la calidad de Ibargoyen o Vallejo (me refiero a Fernando) nos miren como una segunda patria. México es también todas y todos ellos; sin nuestr@s herman@s l@s repúblican@s españolxs, sin nuestr@s herman@s del Cono Sur que llegaron a estas tierras escapando de las dictaduras militares en sus países; sin tantas y tantos otros, México no sería, no me queda duda de ello, tan grande como ahora lo es.
Gracias por el poema (en http://www.palabravirtual.com/ pueden encontrarse textos inclusive leídos por el mismo Ibargoyen), y gracias también por la visita.

Bettina Perroni dijo...

Que estilo!!! no lo conocía

Me dejaste pensando sobre ese dios... hay tantas preguntas que aún no tienen respuestas... ya me cansé de formularlas.

Gracias por tus letras :)

Lucho dijo...

Te he visto en algunos bloggs que visito.

Saludos