Ya estando aquí, me entró la inquietud, mi parte enferma se debatía entre mi parte noble, ¿Voy o no voy a la cena? No, pues yo dí una excusa para no acudir, tenía que visitar a mi madre. No, pero el morbo es encantador, ve, ve. No, ¿a qué vas?, te van a tratar mal y la prudencia no es una de tus cualidades, seguro que ni se lavó las manos, júralo. Además al bicho ya lo probaste cuando fuiste a Santiago de Anaya. ¿A qué vas?, no, que no. Afortunadamente me ganó una flojera enooorme que traía y con sólo pensar que tenía que manejar y oler el caca cigarro, fue más que suficiente para que me quedara muy divertida leyendo unos cuentos misóginos de Patricia Highsmith y luego escribir en este blog.

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