Descubrí que el problema central que tiene una película es encontrar un espacio en nuestros propios mercados nacionales y en los de Latinoamérica, es decir, en la visibilidad de las películas, para evitar que las pantallas se colmen del cine norteamericano.
Me conmoví con las lágrimas de Vicente Leñero en su homenaje que le realizaron en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara.
Volver a la discusión sobre ¿quién es más importante, el director o el guionista? Posiciones encontradas entre Guillermo Arriaga y Vicente Leñero, para días después escuchar a Costa-Gavras y luego a Rubem Fonseca, afirmando cada uno por su lado su verdadera vocación, el cineasta-director, o el escritor-guiónista-demiurgo, creador del primer montaje, los que marcan el ritmo con las palabras.
Me quedo con lo que dijo Vicente Leñero en este festival, uno debe aprender a ver cine, no como cualquier persona, sino aprender del guión, de qué manera está estructurada la película, la gramática de los contrapuntos, de los contrastes, qué personaje entra, cómo sale. Pero sobre todo, es importante que el guión no se note, dijo que eso era la mejor virtud, saber que nos contaron una historia pero no supimos cómo. Comparó un buen guión como un buen trabajo de ebanistería, sin que se vean los clavos, los ensambles.
Aprendí finalmente que el cine no es una vocación, es una pasión y así fue todo este festival, realmente una pasión muy fuerte lo sostiene y alimenta. El esfuerzo, cariño, entrega y locura de mucha gente.
Post Scríptum: Gracias a mi amiga Lourdes Hernández por invitarme a la aventura agotadora que es publicar un periódico y por sus enseñanzas.



Foto cortesía de C Producciones Grupo

Foto cortesía de C Producciones Grupo
No hay comentarios.:
Publicar un comentario