¿Qué secreto guarda la comida callejera? ¿Cuál es el sazón que imprime? ¿Es la calle o es la pericia y sabiduría del vendedor lo que hace una comida sea mejor en cierto lugar que en la propia casa?
Cuando privilegiamos comer en la calle, no por necesidad ni porque en nuestro trabajo sólo nos dan una hora para hacerlo, sino que lo hacemos por placer, por vicio, por flojera o simplemente por antojo. Esto sucede porque estamos privilegiando la oportunidad de probar otros sazones, otra forma de concebir al mundo. Porque cada platillo que preparamos no me sale igual a ti que a mí. Y porque
siempre crece mejor el pasto en la jardín del vecino. Es una especie de
infidelidad gastronómica comer grasa fuera de casa y más cuando sabemos que hay Hígados encebollados o Calabazas rellenas.
La teoría que yo tengo de que comemos más rico en la calle es porque todas las garnachas, toda la variedad de antojitos hechos con masa de Maíz, llámense Sopes, Tamales, Tostadas, Tlacoyos, Tacos de canasta, de Pastor, de Bistec, de Carnitas, de Suadero, de Longaniza, Gorditas de Chicharrón, etcétera, necesitan ser aderezadas con esas partículas contaminantes suspendidas en el medio ambiente de esta metrópoli. De esas que nos dicen las noticias que se encuentran en alto porcentaje en ciertas zonas de la ciudad, según para dónde sople el viento.
Eso lo veo con los Sopes que yo preparo en mi casa y los que venden en el Mercado de la Guerrero. A pesar de hacerlos bien infladitos, con su respectiva muralla a base de pellizcos para contener el frijol aguado que lleva encima, el queso y la salsa; la verdad es que no me sabe igual en mi casa que en el Mercado. Creo que el meollo principal es la salsa. Sí, ese es el factor preponderante para una buena comida callejera, la salsa es determinante para enaltecer o sepultar uno de estos antojitos.
Hay otro antojo que tampoco me sabe igual si yo lo preparo que si lo compro. ¿A quién no le gusta un esquite callejero? Nunca me quedará como le queda al señor del carrito. No sé si será la dosis de fauna microbiana la que la calle le imprime acertadamente en el sabor de la olla de los elotes. Además de que cada vez que recibe el dinero, se limpia las manos en un trapo que es su comodín que lo ayuda para todo: desde ese que describo hasta para apoyarse y clavar el palo al elote y que sirva de base para comerlo. El secreto debe estar en recibir el dinero y con la misma mano preparar el elote o servir los esquites. Ahí está el misterio del verdadero sazón de la calle.


Cómo será de codiciado tener el sazón de la calle que ya una empresa alimentaria presume atrapar ese sazón callejero en unos cubitos sabroseadores o condimentos preparados, para que me entiendan mejor. Parece que quedó atrás el sabor casero que era tan importante para enaltecer un guisado. Recuerdo el sonsonete de unos panecitos que presumían de tener el sabor casero.
Bueno, si ya llegaron hasta al final de este largo chisme, tienen como recompensa una receta que me he quemado las pestañas e hinchado mi mano para tratar de atraparla. Porque no solamente me la paso olisqueado y probando garnachas y tacos callejeros. También intento reproducir los alimentos que me gustan de la calle, en particular de un restaurante bien fresón que ofrece en sus desayunos unos deliciosos pastelitos de elote. Para que vean que paciencia tengo, pero a veces las masas madres me rebasan el entendimiento.
Así que no dejen que el sazón callejero les gane y háganla ustedes con sus propios recursos en su casa. Finalmente está facilísima. Es como hacerse un licuado. No lleva harina, eso hace que sean como pequeños flanes, pero más rico que un flan.
Panquecitos de elote
6 Elotes
1 lata de leche condensada
3 huevos
1 pizca de sal
1 cucharadita de royal
1 barrita de 90 gramos de mantequilla derretida
Todo esto se agrega a la licuadora y luego se vacía directamente en moldes engrasados de panqué (cup cakes) o en un molde individual, se hornea unos 20 minutos o cuando queden dorados de la orilla. Los panquecitos deben quedar húmedos, como un flan por dentro. Esto se percibe una vez que se enfría y saben deliciosos, con todo el sabor del elote tierno.