"Porque es nuestro existir, porque es nuestro vivir, porque él camina, porque él se mueve, porque él se alegra, porque él ríe, porque él vive: el Alimento"



Códice Florentino, lib,VI, cap.XVII

lunes, mayo 24, 2010

Uno atrás de otro




Hacer filas, tener un orden, esperar formados, hacer cola, hacer trámites, esperar, tener paciencia, seguir teniendo paciencia, hacer otro trámite, tomar turno.

Qué es la cocina, si no la rutina cotidiana que nos toca día tras día. 
Así es cocinar, poner un ingrediente después de otro, uno más asombroso que el anterior. Igual que estar formado mirando la cabeza del de enfrente, con tantas historias, con una vida tan diferente a la nuestra y tan repetable.

Brochetas hawaianas

palitos para brochetas
tofú (que habrá que exprimirlo previamente entre dos tablas y una toalla, para quitarle el agua). Luego se pone a macerar con salsa soya un día antes en el refrigerador.
hongos: pueden ser champiñones o en mi caso, yo usé portobellos.
cebolla cambray
pimiento morrón rojo y verde
piña

aderezo:
nuez picada finamente
aceite de olivo
 1 limón
 1 naranja
sal y pimienta al gusto.

Pongo en el palito de brochetas 1 cebolla cambray, un tofú, un pimiento, vuelvo a pensar que color queda para contrastar la hilera, agrego otro tofú. Son brochetas de tofú, a menos que opte por no poner tofú porque no me guste, o porque no encuentro en donde yo vivo, entonces podría hacerlas mejor sin carne y mejor la lleno con más vegetales a mi gusto, pero también me gusta la carne y si mejor las hago con pollo no estaría mal, al fin y al cabo que son sabores que combinan muy bien por ser más neutros, pero... la carne se cuece a temperatura distinta que los vegetales, entonces mejor la dejo macerando con soya igual que si fuera tofú, ah pero a mí no me gusta el pollo, ¿qué estoy pensando? mejor sigo la receta y no me complico con un monólogo interior.
Para hacer el aderezo:
rallo el limón y la naranja, exprimo el limón y 1/2 naranja los mezclo con aceite de oliva, la sal y la pimienta y con esto barnizo las brochetas, las meto al horno unos 15-20 minutos y al salir las acompaño con arroz blanco.

miércoles, mayo 12, 2010

Los mejores abrazos



Hay algo que me desespera cuando alguien me da un abrazo: es no tener las manos libres para abrazarse plenamente. Sin estorbos, sin que metan los codos, simplemente acercarse y darse uno mismo con entrega y afecto. Y no hablo de esos abrazos toscos y que casi casi te levantan del suelo en un afán por demostrar superioridad física y que te palmotean con tal fuerza la espalda como si te estuvieran tocando un timbal: tambó, tambó, tambó. Yo hablo de los abrazos que se disfrutan, que son muestra de cariño pleno, ¡aahh! esos me gustan. Con esos caigo total. Con ese tipo de abrazos me enamoré.

No sé si por haber crecido en una familia que nunca se demostraba su afecto de modo físico, sea por eso que valore tanto los abrazos, pero la verdad es que son tan sanadores. Brazos, manos, pecho y cabeza entrelazados alivian el alma. Apoyo y compañía necesaria.

Entrando en materia gastronómica, el abrazo se vuelve una manera sublime de combinar ingredientes y virtudes distintas. Tú conmigo y yo contigo se enriquece. Si en el abrazo se conjugan más de dos, tres o mejor cuatro tanto mejor. Sobre todo si cada ingrediente por separado ya es de por sí un portento de sabor:

Higos
Jamón serrano
Queso de cabra
Queso roquefort



Se escogen higos no muy maduros para rellenar. Se abren en cruz desde la punta sin llegar al fondo de la base.
Se envuelven en un abrazo graso y carnivoro, esos son los mejores, los más pecaminosos.

Se rellenan de queso de cabra y en el tope un poco de queso roquefort,
se meten al horno hasta que se gratine el roquefort.

Al conjugar estos ingredientes queda un magnífico platillo para recibir los abrazos que vienen al compartir con los amigos.

domingo, mayo 09, 2010

La melodía que reposa en silencio
en el fondo del corazón de la madre
será cantada por los labios de su hijo

Gibran Khalil Gibran

martes, mayo 04, 2010

Una receta rica y una historia inconclusa

Me dijo que quería comer algo distinto y que fuera algo fresco para este calor.


Le hice unos pimientos del piquillo rellenos, los sambutí con:
Camarones cocidos que luego mezcle con jitomates deshidratados fritos con ajo y romero. Los piqué y quedó una pasta muy rica. Los pimientos rellenos los acompañe de arroz salvaje y almendras. Todo se sirve en frío.

Eran tantas cosas que quería contarle, darle razones, ventilar mis sentimientos, pero parece que no era el momento. Tenemos una opinión equivocada de cada uno, él se queda con una imagen distinta de mí, y yo creo que ni siquiera lo conozco. Hay una parte que cada uno ha mantenido oculta, para protegerse, para ser otro. Fue por eso que terminamos hablando de temas menos dolorosos y mejor comimos y disfrutamos.
Le conté que el arroz salvaje no es un arroz, es un pasto acuático que crece en la región de los Grandes Lagos, en Canadá. Lo venden en algunos restaurantes pero la mayoría de las veces sólo dan 1 parte de arroz salvaje por 90 partes de arroz común y lo cobran carísimo. Este arroz lo tenía en el congelador, lejos de gorgojos e insectos indeseables. Tenía tanto tiempo de almacenarlo ahí, que son de esas cosas que se mimetizan de tanto verse en el mismo lugar sin que se perciba. Si quieres que nadie se de cuenta dónde está algo, ponlo en donde todo el mundo lo vea, así nadie lo verá..

La almendra la pelé, la piqué y la agregué al arroz salvaje, además de un poco de cilantro y unas cucharaditas de Salsa Lizano. ¿Cuál es la salsa Lizano?, preguntó. No lo quise confundir más y le dije que era como la Salsa Inglesa pero de sabor más rico. De todos modos no la compré aquí, era de Costa Rica.

Así que el arroz salvaje no es arroz, pasa por arroz, se tiene una percepción equivocada de él, es lo que no es. Cuando se cuece parece una diminuta palomita de maíz bien reventada, con una esencia distinta, diferente.

Ingredientes
un frasco de pimientos del piquillo, rellenos de:
1/4 de camarón
jitomates deshidratados en el horno, y luego fritos con ajo y romero

arroz salvaje cocido y luego revuelto con:
almendra pelada y picada muy fino
cilantro picado
salsa Lizano, o salsa Inglesa

domingo, mayo 02, 2010

Sus brazos, sus manos, su fuerza contruyen nuestro hogar

Active el sonido, por favor








Toda mi casa huele a comida, hice nopales, tinga, tamales, mañana es su día.


miércoles, abril 28, 2010

Hoy estoy bien verde


Hoy hice de comer mole verde. Recuerdo que mis hermanos decían que mi mamá había hecho de comer Pantano Verde, de verdad lo aborrecían. La verdad a mí no me parecía tan malo. Su sabor era muy rico, además viéndolo así como un pantano me imaginaba que salía entre medio del plato la cabeza del monstruo del Lago Ness.

Me gustan las historias de animales extraordinarios, irreales o que simplemente ya nadie los encuentra por ningún lado: unicornios, quetzales, ajolotes, sivaterios, manties, pájaros dodos, pero mis favoritos son los dragones y los dinosaurios. Más los primeros que los segundos.

Creo que lo que más desagradaba a mis hermanos era la textura del mole verde: una consistencia demasiada espesa y un poco granulosa. Ahora que estoy estrenando la famosa Thermomix, estoy de verdad como niña con juguete nuevo, me encanta lo que hace. Lo preparé ahí mismo y me quedó perfectamente molido, la textura era untuosa y muy muy rico, además no le puse grasa, con la que lleva del cacahuate y la pepita es suficiente.

Lo que no me van a creer es que lo hice con pollo, aggh, sí, yo que lo detesto, pero es que por fin encontré dónde comprar pollo santo: estos caminan, toman el sol, comen hierbitas, duermen, no es hijo de Frankenstein: sin alas y con piernas de maratonista olímpica. Hasta el color y el olor de la carne eran distintos. El pollo orgánico se está volviendo un ejemplar en extinción en las grandes urbes. Habrá que buscarlo con lupa y esperar por él.

Mole Verde:
4 piezas de pollo cocidas (pierna o muslo)
130 gr. de pepitas de calabaza
80 gr. de cacahuate
100 gr. de lechuga romana
200 gr. de espinacas
10 hojas de rábanitos
3 ramas de cilantro
5 ramas de perejil
1 pizca de cominos
500 gr. de tomate verde
1 diente de ajo grande
1 cebolla pequeña
1/4 litro de caldo de pollo del que se preparó al cocinarlo
2 cucharadas de aceite
sal al gusto

La receta es del recetario básico de Thermomix, mi madre hacía uno muy parecido, pero este me encantó con el cacahuate, por si no tienen este genial aparato les dejo la receta para cocinar de manera normal.

Procedimiento
En la licuadora se muelen todos los ingredientes,excepto el pollo y el aceite. Debe quedar perfectamente bien molido.
En un recipiente hondo se pone el aceite al fuego y sobre este se pone a cocer la mezcla de la licuadora, unos 15 minutos, luego se pone las piezas de pollo a que se impregnen del mole. Si espesa mucho se puede agregar más caldo. Se acompaña con frijoles. O si se prefiere se hacen enchiladas con este mole.

Y luego para seguir a tono con el color hice los panes de chile poblano que mi amiga Gabriela nos mostró en blog. Son buenísimos, se pueden hacer de pimientos rojos y entonces será un matiz de colores para saborear.


viernes, abril 23, 2010

¿Algo habrá cambiado?


En el día mundíal del libro, dejo aquí  ésto y, a propósito de los acontecimientos que este año se celebran por todo el país. Ustedes saquen sus propias conclusiones.

Nelly Campobello
Las manos de mamá
Había guerra, había hambre y todo lo que hay en los pueblos chicos. Nosotros sólo teníamos a mamá. Ella sólo tenía nuestras bocas hambrientas, sin razonamientos, sin corazón. Nuestra realidad era una tortilla redonda de harina, una ancha taza de café.


Estaba sola; su compañero vivía en su recuerdo. La fuerza de su amor sostenía su cuerpo esbelto de mujer. Tenía lágrimas el pan que nos daba.

Andrés Iduarte
Un niño en la Revolución Mexicana
…Los pescados se vendían en la playa, frescos, vivos, saltando dentro de las canastas. No recuerdo las mil variedades ni los mil nombres españoles y mayas: bocitos, robalos, chujchíes, vulcayitos, esmedregales…Mi mamá hacía en la casa el clásico pan de cazón, el platillo campechano insuperable. De “postas” de pescado y panuchos de cazón y frijoles habíamos ya vivido, exclusivamente, en Campeche, comprados en la Puerta de Tierra, la más pintoresca de la muralla.
Pero a mí, no como gastrónomo ni como zoólogo, sino como niño, otros eran los pescados que más me interesaban en Lerma: los tiburones. Tenían dos filas de dientes espantosos. Y las tiburones me interesaban aún más: se les movía la barriga, llena de tiburoncitos. Los pescadores se las tocaban con el pie y así se agitaban los animalitos que nadaban dentro. Saber que las tiburones cargaban a sus hijos dentro de la barriga, fue un descubrimiento importantísimo. Viendo luego a una vecina mía toda embarazada, cayeron definitivamente las leyendas de la garza y la canastita. Pero lo que no podía entender era cómo les ponían o les aparecían los niños y los tiburoncitos dentro de la barriga…


Rafael F. Muñoz
Se llevaron el cañon para Bachimba
—Pero no estamos peleando por venganza, Alvarito. La Revolución es algo más, algo tan grande que nos exhibe a los hombres en toda nuestra insignificancia: es la inconformidad del pueblo con su miseria. Cuatrocientos años trabajando para recibir en pago el hambre que lo enerva, que lo debilita, que lo agota. El hambre, una punta de hierro hundida en el vientre. Las generaciones nacen y mueren con hambre, sin haberse sentido hartas nunca. Hasta que se arrancan del vientre aquel hierro que en sus manos se convierte en arma para luchar contra su enemigo. Eso es la Revolución.

Francisco L. Urquizo
Tropa Vieja
Otamendi tenía la palabra; se conoce que la yerba le soltaba la lengua, parecía un poeta.
—¡Yerbita literaria!, consuelo del agobiado, del triste y del afligido. Has de ser pariente de la muerte cuando tienes el don de hacer olvidar las miserias de la vida, la tiranía del cuerpo y el malestar del alma…Sacudes la pesadez del tiempo, haces volar y soñar en lo que puede ser el bien supremo. Eres el consuelo del infeliz encarcelado, bálsamo del corazón y de las ideas. Humo blanco que se eleva como la ilusión; música del corazón que canta la canción de la vida del hombre intensamente libre; libre de los demás hombre, libre del cuerpo, absolutamente libre. ¡Yerebita santa que crea Dios en los campos para alimentar a las amas y elevarlas hasta Él! ¡Yerbita que tienes el don de darnos alivio y de hacernos olvidar, quisiera decirte un verso...!

Rafael M. Muñoz
Se llevaron el cañon para Bachimba
Marcos Ruiz, recibió, días después, una orden de partir. Ya no sería solamente para salir unas cuantas horas a pasear a caballo por las afueras de la ciudad, sino para dejarla por tiempo indefinido. Y nos estuvimos preparando toda la noche, limpiando las armas, arreglando las monturas, herrando los caballos, requisando cuanta mula hubo en la ciudad para cargarla con cajas de parque. Varias mujeres estuvieron toda la noche moliendo maíz tostado en sus metates, y, revolviéndolo con piloncillo, produjeron el pinole, el alimento del campesino y del caminante, allá, en el Norte. Nos dieron a cada uno un saco como de tres kilos; era la ración alimenticia para diez días. “Con un puñado de pinole y un trago de agua de tu cantimplora, muy bien te pasas el día”. Todos estaban acostumbrados a esa dosis: yo, no, y pensé que podía pasar hambre.

Cartucho
Nellie Campobello
A mí me parecía maravilloso ver tanto soldado. Hombres a caballo con muchas cartucheras, rifles, ametralladoras; todos buscando la misma cosa: comida. Estaban enfermos de la carne sin sal; iban a perseguir a Villa a la sierra y querían ir comidos de frijoles o de algo que estuviera cocido.
—Vamos a traer la cabeza de Villa— gritaban las parvadas de caballería al ir por las calles.
Una señora salió a la puerta y le gritó a uno de los oficiales:

—Oye cabrón: tráime un huesito de la rodilla herida de Villa para hacerme una reliquia.

Hombres que van y vienen, un reborujo de gente. ¡Qué barbaridad; cuánto hombre, pero cuanta gente tiene el mundo! —decía mi mente de niña.

José Rubén Romero
Mi caballo, mi perro y mi rifle

—Todos vamos a tener una muerte tan piadosa como esa, todos menos tú. Aurelio que dices que te espantas los tiros a sombrerazos.

—Los tiros sí, pero el hambre no, más dura que la misma muerte. Vamos a ver, muchachos ¿les gustarían unos chicharroncitos mantecosos?, ¿un burrito de longaniza?, ¿un corderito al horno? Pidan, pidan por esas bocas…

Oyendo aquella lista de cosas buenas nuestros rostros se animaron, nuestros ojos resplandecieron como al grato recuerdo de una novia; el aire se difundió, ¡oh, patente milagro de la evocación!, el aroma exquisito de todos los manjares campiranos, y hasta a nuestros fusiles enternecidos se les hizo también agua la boca…

Francisco L. Urquizo
Tropa Vieja
—Ora sí, compañero; ya eres soldado de veras, dejaste de ser recluta, así como antes también dejaste de ser libre. Te arrancaron, como a mí, la libertad; te cerraron la boca, te sacaron los sesos y ahora te embadurnaron el corazón también. Te atontaron a golpes y a mentadas; te castraron y ya estás listo, ya eres un soldado. Ya puedes matar gente y defender a los tiranos. Ya eres un instrumento de homicidio, ya eres otro.

José Rubén Romero
Apuntes de un lugareño
Entramos al “Globo” y nos instalamos en una mesa.
—Estoy un poco azorado —me dijo mi primo—. Aquí vienen puros ricos.
—Los que tienen para pagar el consumo y nosotros lo pagaremos. Dime ¿qué quieres tomar? —apremié delante de la camarera.
—Medio cuartillo de nieve de pasta —me respondió muy serio.
—¿Qué dice? —interrumpió la empleada.
—Quiere un helado de vainilla.

Y mi primo agregó:

—Mire, señora: traiga también unas rebanadas de marquesote.

Pero la mesera no entendía una palabra.
—Pan inglés me apresuré a decir, vertiendo al lenguaje de la capital el idioma castizo de nuestro pueblo.
Cuando la chica del servicio se retiró, mi primo preguntóme con curiosidad, mirándola tan bien vestida, si era hija del dueño de la pastelería.
Y en tanto nos traían la merienda, hizo mi pariente la obligada evocación del terruño.
—¡Para pasteles buenos los de Cotija! ¿Te acuerdas? ¡Si el maestro Jorge hubiera tenido una casa de éstas! Fíjate que aquí no hay todo lo que él hacía. ¡Aquellas empanadas de leche: los cochinitos de a centavo y los borrachos de catalán, que positivamente se subían a la cabeza!
Llegó la camarera y nos sirvió el pedido; pero mi primo a las primeras cucharadas, decepcionado, abandonó la nieve.
—¡Esto no tiene leche ni tiene huevos!

Tropa Vieja
Francisco L. Urquizo
A poco rato, “Rancho”. De dos en fondo fuimos pasando delante de unos peroles que echaban humo y que olían sabroso. Cada quien aprontaba sus trastos de hoja de lata y los rancheros les servían en cucharón de frijoles y otro de atole con chile; les daban también una pieza de pan y tres tortillas.

Mis dos compañeros y yo estábamos provistos de los mismos trastos que nos dio un sargento para nuestro uso.
A la voz de “Rompan filas” nos desperdigamos todos a comer nuestro alimento. La corneta de la puerta tocó “Atención” y entraron las viejas con las canastas ya bien revisadas.

Mis compañeros y yo estábamos juntos, sentados en un rincón, comiendo aquello que nos habían dado. Era bien poco.

—Tendremos que buscarnos viejas que nos traigan algo más de comer —dijo el mayor de los Villegas.

—¿Y con qué fierros? —preguntó el menor

La sombra del Caudillo
Martín Luis Guzmán
“Va a ser inútil resistir —pensó Axkaná—. Acaso fuera más juicioso no oponerse.”

Tuvo, sin embargo, miedo de que lo envenenaran.

—Y ¿quién me asegura —preguntó— que es sólo tequila lo que quieren darme?
—Nadie. Y sobran las preguntas. Si quisiéramos envenenarlo o matarlo de otro modo cualquiera, ¿quién lo habría de impedir? Pero ya oyó que pedí el tequila. Sienta la botella: está nuevecita, la acabamos de destapar. Beba, pues, por las buenas o por las malas. Traiga la mano…¿No es ésta una botella?

A despecho de todo, aquél lenguaje hizo cierta gracia a Axkaná. Tocando la botella, dijo:

—Sí es una botella.

—Beba un trago, pues…Mire: bebo yo primero.
Breve silencio…Chascaba una lengua:
—Buen tequila, ¡la verdad de Dios!...

Ahora usted.
Axkaná bebió.
—¿Es tequila o no es tequila?

—Así parece.

—Beba otra vez.

—No, ya no.

—Beba otra vez, le digo…Y nomás no se mueva tanto, que la pistola puede dispararse.

José Mancisidor
En la rosa de los vientos

El hambre toca los hogares. La miseria llega por todas partes. León Cardel pugna por imponer el orden. Obliga a las gentes a formar en colas interminables para recibir sus raciones de alimentos. Trabaja noche y día sin reposar. Apenas duerme. Su resistencia física es inagotable. La lucha por el maíz, por la harina o el frijol, es otro campo de batalla. Las mujeres se insultan, los hombres riñen, los niños se miran como enemigos irreconciliables.

Un día llegó el Canteado a buscarnos. Sudoroso y violento y resoplando como perro cansado.

—He localizado a un acaparador —nos dijo con tono agresivo e impaciente—. Haremos un escarmiento. ¿Cuento con ustedes?
El Negro y yo lo seguimos por unas calles desiertas y lodosas y sembradas de baches. Sobre nosotros caían las últimas sombras de la tarde. La ciudad destacaba sus fuertes perfiles en la media luz de la hora. De un sucio zaguán salieron unos soldados a quienes el Canteado había dejado vigilando. Luego nos distribuyó por las calles adyacentes y dirigiéndose a un portón golpeó escandalosamente con la contera de la pistola.

Salió a abrirnos un hombre de ojos pequeños y perversos, que los guiñaba con pasmosa frecuencia. Su abultado abdomen escapaba por debajo del chaleco. Sus manos temblorosas, buscaban, nerviosas, un sitio en qué apoyarse.

El Canteado lo empujó con brutalidad y pasando adelante se perdió en el interior de la casa. Al rato retornó llevándonos a los húmedos sótanos, en los que cientos de sacos de maíz y frijol formaban una montaña hasta tocar el techo.

El hombre se sintió perdido. Todo su cuerpo temblaba incontenible y de sus ojillos perversos salía una mirada de animal perseguido. De pronto pareció que iba a desmayarse. Sin embargo, hizo un esfuerzo por dominarse y habiéndolo conseguido, llamó aparte al Canteado. Durante unos minutos los vimos hablar sin escuchar lo que decían, en un murmullo sordo y misterioso. Luego éste, llamándonos al Negro y a mí, nos dijo con irritada voz:

—Este hombre quiere saber nuestro precio. ¿Qué opinan ustedes? ¿Están dispuestos a venderse? —Sin darnos tiempo a responder, prosiguió con creciente ira—: La respuesta se la voy a dar. Quedará satisfecho. —Y encarándose conmigo me recomendó—: Consíguete una reata…

martes, abril 13, 2010

Hoy amanecí bien hippie

Yo sigo con el tema de las flores. A veces me da un poco de culpa pensar que si como flores estoy impidiendo que lleguen a ser frutas. Pero no todas las flores se transforman en fruto. No como flores de durazno pero bien que compro una varita para ponerla en un florero. Tampoco como flores de mango. Pero sí bebemos infusiones de flores, como las de azahar y tila para dormir, las de bugambilia y mercadela para la tos, o la de jamaica para hacer agua fresca y luego, ya que soltó su sabor, esa flor sirve para comérsela en tacos. Si comemos frutas, esas frutas antes fueron flores, entonces, podremos decir que alguna vez al menos, todos hemos comido flores de alguna forma.

Hay alimentos sin procesar que por si solos son bellos, casi todas las verduras y frutas lo son, pero las flores que además de adornar sirven para comer tienen un plus agregado que las hace más valiosas. Ah, pero, es curioso, la flor que más comemos los mexicanos: la flor de calabaza, nadie la pone en un florero para admirarla o para olerla.

Hay un monumento al camarón en Campeche, los pescadores lo hicieron en agradecimiento a ese crustáceo que les ha permitido vivir de él, yo me pregunto y ¿por qué no un monumento a la flor? La flor nacional de México es la Dalia. ¿Sabían que se comen los pétalos y el bulbo de esta flor? Yo no sabía, y la comí en el jardín botánico de la UNAM, hace dos años, fue una experiencia muy grata.

In xochitl in cuicatl: Flor y canto. Era lo que nuestros antepasados entendían como un instante y una eternidad, llegar ahí donde se trasciende la efímera existencia humana. Correspondiendo al sonido musical y la belleza, la fragancia y por supuesto,-ellos también lo sabían-, al alimento que la flor por sí sola puede ser.

Dicen que somos lo que comemos, en este caso ¿quién no quisiera que la acción de comer flores ayudara a contrarrestar la violencia en este país? Así todos, al masticar la belleza y sutileza de una flor los sentimientos de ambición y venganza se diluirían. Además con el resultado de comer flores en demasía, se podía generar un gen que a la larga impidiera ese quiste indeseable que se llama corrupción penetre en el torrente sanguíneo de los individuos. De esa forma el cerebro tendría una expansión y mejor oxigenación para permitir reconocer que el deseo de poder y dominio sólo es vulgo vano ante la dicha de olisquear y saborear la naturaleza rústica de una quesadilla de flor de calabaza, aderezada con un molito amarillo y queso Oaxaca. Una felicidad gastronómica sería el camino para allanar mejores sentimientos. Imaginen el espíritu de cualquiera de nuestros gobernantes, ennoblecido y apoyando lo que clamaba el poeta Luis Rius: No se puede vivir como si la belleza no existiera.

Se tendría que hacer un jardín florido todo el territorio nacional. El estado de Sinaloa, Chihuahua y Michoacán, podrían ser el mayor productor de flores para comer. Habría cultivos además de flores de calabaza, árboles de colorín, flores de maguey y de otros agáves, flores de sábila, de biznaga, de palma, de yuca, de quiote, huazontles, crisantemos, rosas, jazmín, en fin, podríamos hacer la prueba con otras especies vegetales inimaginables y luego, hasta exportarlas. Las flores comestibles estarían a la alza en el mercado mundial.

Con la panza embutida de flores, el cerebro lleno de un razonamiento estético y el estado del alma ennoblecido, podría estallar una revolución florida y los individuos a pesar de todas las diferencias encontrarían algo en común por defender vorazmente: la belleza.

domingo, abril 04, 2010

Flores de sábila para soñar bonito



Tengo que aceptar que tengo una fuerte debilidad por las flores, en todas sus  formas, desde verlas, olerlas, procurarlas, cultivarlas, hasta comérmelas.
Esta flor de sábila (áloe) luce en estos momentos con todo su colorido sobre el arriate que tengo en la entrada de mi casa.

Pero con sólo dos sábilas en mis macetas era imposible darme el lujo de cosechar esta cantidad de flores de sábila que están en este plato. Estas las compré en Santiago de Anaya, Hidalgo. Esta vez cayó en Semana Santa el Festival Gastronómico y las compré precisamente en ese lugar. Me dieron muchísimas por tan sólo 10 pesos.
Una forma de guisar sencilla para tan exquisito y singular platillo: sólo les puse poro, echalote y sal. Las acompañé con arroz blanco y una salsa de xoconoxtle asado. Lo mejor de este platillo es que las flores no necesitaron que se le quitara nada (pistilo, estambre), como otras que son trabajosas para prepararlas.

Podría decir muchas más cosas de este platillo, hablar de la importancia que tiene para mí  comer flores, pero la verdad cuando las cosas son tan buenas las palabras son tan ociosas y salen sobrando.

abecede

domingo, marzo 28, 2010

Historias y sabores para enriquecer la comida mexicana

La noticia está aquí
y la más reciente acá

Había que preparar una receta original y muy mexicana. Inspirada en un documento historico o literario mexicano y publicado. Luego hacer la justificación por escrito de su importancia historica y gastronómica.

A mí me inspiró una novela de la Revolución Mexicana: Se llevaron el cañon para Bachimba, de Rafael F. Muñoz. Y de ahi un ingrediente: el PINOLE. El platillo fue creación e interpretación original. La receta es exclusiva para ese concurso, por lo cual no puedo publicarla aquí, por el momento.

La categoría en la que participé fue un postre, con un ingrediente tan antiguo como las tortillas de maíz, el PINOLE. ¿Qué ha pasado con el pinole que ha caído en desuso en la mayor parte del país? No lo sé, realmente es un ingrediente que aporta energía y carbohidratos suficientes para un larga caminata como acostumbran en el norte del país, un alimento usado ancestralmente por los rarámuris y los tepehuanes. Era un ingrediente práctico para almacenar y transportar para los revolucionarios.

Para este concurso no compré el pinole para preparar la receta. Mi hermana L. buscó quién moliera y tostara el maíz. Lo mandó por mensajeria al D.F. desde Cruz Blanca, Veracruz. Ella seleccionó maíz azul, el mejor para hacer pinole. (Antes, en tiempos muy antiguos, cuando no se usaban semillas híbridas de maíz o alteradas geneticamente; se escogía un maíz especial para cada producto que se iba a elaborar. Por ejemplo, había un maíz indicado para hacer atoles, otro que era el mejor para hacer tortillas, otro para hacer pinole, uno diferente para cocinar los granos de maíz para pozole. Así las cosas, era tal la riqueza y pluralidad de un maíz específico para cada uso. Una riqueza y diversidad genética que casi se está perdiendo). Mi hermana no le puso azúcar porque en un principio yo iba a participar en dos categorías y necesitaba pinole sin endulzar, pero, al último me decidí sólo concursar con un postre y fue entonces que lo molí con piloncillo.

Finalmente quedé como una de las 40 finalistas y con la noticia de que no gané, pero con la emoción de ver a otros compañeros que con sus recetas portentosas sí lo lograron y sobre todo, lo más importante, que se enriquece y difunde la gastronomía mexicana contemporanea.

Se editará un libro con las recetas y las historias que quedaron ganadoras y finalistas para este concurso. Ya lo espero con ansia.

sábado, marzo 27, 2010

Esto de jugar a la vida

Sucede que a veces me gusta ir allá y enfrentar a los monstruos, doblegarlos, seducirlos y que ellos sean los que me teman.


Pero después de haberlo logrado, quisiera estar en el lugar en donde me quisieran más que a nadie.
Hasta que  regreso finalmente a mi lugar, donde siempre me está esperando mi cena caliente.

Las ilustraciones del magnífico Maurice Sendak

viernes, marzo 26, 2010

Preguntas 'pal diablo

La frase del día de hoy en iGoogle es:
Ves cosas y dices, ¿por qué? pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, ¿por qué no?

George Bernand Shaw

La reflexión del día de hoy es:

Las preguntas que me quedan despues del concurso es: ¿dónde están los postres deliciosos que se aprenden a hacer en escuelas de chef en este país? ¿En que restaurantes se pueden degustar? ¿Sólo los podemos encontrar en concursos nacionales? ¿Por qué en la mayoría de los restaurantes los postres dejan mucho que desear? ¿A dónde se va el talento, la calidad de los productos y la estética de un postre emplatado?

Parafraseando al buen Shaw:
Ves cosas y dices, ¿por qué? pero yo cocino cosas que nunca fueron y digo, ¿por qué no?

El buen sabor de boca el día de hoy es:
Un fragmento del poema Discurso por las flores de Carlos Pellicer Cámara

...Estar árbol a veces, es quedarse mirando

(sin dejar de crecer) el agua humanidad
y llenarse de pájaros para poder, cantando,
reflejar en las ondas quietud y soledad...

aqui lo puede leer completo, son de esas palabras bonitas y simples, pero con profundo poder restaurador del equilibrio humano.

Aviso: el monitor de mi P.C. por fin tronó. Ando posteando en casa ajena, con computadora ajena y lavando platos ajenos para compensar los estragos. Siento que no soy yo, por lo pronto ustedes sean felices.

jueves, marzo 18, 2010

A sacar la pulserita para el pie



A pesar de que se descompuso mi computadora, a pesar del veneno imprudente que se consume diariamente en dosis controlada, a pesar de mis siete kilos de más que la falaz báscula del cine me dice que tengo, incluída una estatura que tampoco tengo, a pesar de vivir fuera del rebaño, a pesar de los agravios, a pesar de los días festivos que caen en domingo y luego se recuperan en puentes envidiables (¿para qué trabajar en este país?), a pesar de la grieta de hundimiento afuera de mi casa, a pesar del puto linfedema en mi mano que a veces se despide de mí pero que luego vuelve a la carga con más coraje y ponzoña, a pesar de mi corazón vagabundo, a pesar de ti, a pesar de mí, a pesar de nosotros, finalmente ella llega como todos los años.

Vamos, recíbela como se merece. La primavera todo altera.










martes, marzo 09, 2010

Tan simple como un pan sin amasar

Recibí un mail de Nora que decía:
¿Quieres panes con hoyos? Pica aquí este video  y luego me dices cómo te fue.

Qué bien se siente cuando encuentro una amiga bloguera que desde lejos me apoya y busca la manera de que deje de estar triste porque no me salían mis panes de masa madre. Sí, esos panes que buscaba hacerlos sólo porque tenían hoyos.

Además de esa dirección me mandó otras para buscar más videos. Ustedes mismos pueden verlos, por si siempre quisieron hacer pan, pero temían amasarlo. Vean Acá  Son panes que no requieren trabajo. Facilísimos. Sabrosos.  Nada de estar bate que bate, y lo mejor es que…tienen hoyos, aunque no sean de masa madre. Pan sin amasar

Ingredientes:
Poner en un bowl
3 tazas de harina
¼ de cucharadita de levadura seca instantánea
Se revuelve todo esto con una pala
 luego se integra
1 cucharada de sal
1 ½ taza aprox. de agua caliente

1 El agua se incorpora poco a poco hasta que se integre la masa, esto no requiere más allá de un minuto. Se cubre el bowl con un plástico y luego se deja reposar unas 18 horas. (Yo integré estos ingredientes a las 7 de la noche y a las 7 de la mañana del otro día ya estaba dejando fermentar el pan. Había una temperatura ambiente de 18° centígrados).

2 Después de este tiempo, la masa se voltea sobre una superficie enharinada, se dobla en tres como un pequeño pañuelo y luego se lleva a una bandeja para el horno rociada con harina de maíz: Corn Meal. (Si no cuentan con ella utilicen amaranto, resiste más el calor). Por encima también se rocía de esta harina, se cubre con un trapo y se deja fermentar 2 horas.
3 En el horno precalenté la Olla de Hierro, (sugieren que se utilice ésta para una mejor cocción)  media hora a 200° C. La levanté con mucho cuidado y enseguida “aventé” la masa fermentada al fondo de la olla, sólo se sacude ligeramente para que se acomode bien la masa ahí adentro. Se tapa y se hornea 30 minutos con olla en el horno. Necesitan ver los videos para que entiendan bien este procedimiento.

Este es el paso más difícil, el voltear la masa sobre la olla caliente y luego agitar, pero si no tienen esa Olla de Hierro, también se puede hacer este pan. La olla sirve para darle una textura a la cubierta del pan, dorada y bien crujiente. Aquí está otro video, que muestra como hacerlo sin la Olla de Hierro.

Después de este tiempo se descubre la tapa de la olla y se sigue horneando otros 20 minutos más o hasta que esté bien dorada. Eso es todo.

Este es el pan, simple, sencillo, con una corteza gruesa y crujiente, estaba tan contenta que se ocurrió hacer esta botana para ponerle encima.
Botana 
3 manzanas picadas en rajas
5 echalots picados
1/2 poro picado
8 hojas de salvia
2 cucharadas de eneldo seco
2 onzas de oporto
1 cucharada de aceite de girasol
queso roquefort al gusto

Se calienta el aceite en una olla, se agrega el poro y los echalots, se deja un rato a que se doren y luego se agregan los demás ingredienes, menos el queso. Se tapa para hacer una pequeña salsa. Yo dejo cocer la manzana un poco, la dejo crocante y luego lo retiro del fuego. Espero a que se entibie y pongo pequeños trocitos de queso roquefort, con el calor se mezclaran en todo el guisado. Y ya después sobre el pan, coloco más de este queso que me encanta.
Esta botana va para ti Nora, trataré de escribir el montón de recetas que me revolotean en la cabeza, o como aquellas que tengo desperdigadas en papelitos como ésta, que estuvo colgada en el pizarrón de mi cocina por años.
Salud.

sábado, marzo 06, 2010

El eje principal de este blog: La comida


Hay veces en que esto de escribir en el blog me causa alegría, con una risa franca y detenida por satisfacción.

Otras veces este laboratorio químico de emociones y razonamientos que es mi cuerpo femenino, me incita a externar mis pesares y como siempre los entremezclo con una pasión por los alimentos y así de pronto se ven aquí desfilar uno a uno los acontecimientos que me pasan en esta vida.

En muchas otras, creo que lo que digo está lleno de tanta intrascendencia que mejor conviene quedarse callada, cerrar este sitio, decir: adios, gracias por la visita pero esto se acabó, fin, me voy de fedayin al exterminio de perros. Sin embargo, sucede que de la nada, un tiempo después, me entra el cosquilleo de externar algo y vuelvo, y sí, por supuesto, ésto sigue emparentado con la intrascendencia y la frivolidad si se quiere ver así. Esto de los blogs siempre ha sido algo que cada quién escribe por gusto.

Este sitio empezó como una bitácora personal,  el eje que unía cada entrada estaba siempre presente con los alimentos. Pero fin de cuentas siempre me seducían los blog con gente que generosamente publicaba sus recetas, y sucedió que con la entrada del twiter los blogs de bitácoras personales que me gustaba visitar fueron callándose poco a poco hasta desaparecer; entonces me vi visitando blogs culinarios y ante tanta cantidad de recetas y recomendaciones me sentía en deuda. Así que yo también quería retribuir y compartir mis recetas. Ofreciendo mis experiencias en esto que no es más que una manera válida y honesta de mantener una cultura culinaria y conservar las tradiciones en algo tan sencillo y esencial que es comer.

Alrededor de la mesa se habla, se quiere, se discute, se ama, se intercambian ideas y opiniones, sueños, frustraciones, penas y alegrías. La comida ES nuestra vida. Y este blog que comparto y abro para ustedes es eso, mi visión personal de entender e interpretar el mundo.

Este blog cumple satisfactoriamente cuatro años de vida. Agradezco como es costumbre a toda gente que me ha iluminado con su presencia y con sus palabras, con su compañía y sus recetas, con sus silencios, con su mirada y con sus comentarios.

Gracias.

lunes, marzo 01, 2010

Los antojitos callejeros o la infidelidad gastronómica

¿Qué secreto guarda la comida callejera? ¿Cuál es el sazón que imprime? ¿Es la calle o es la pericia y sabiduría del vendedor lo que hace una comida sea mejor en cierto lugar que en la propia casa?

Cuando privilegiamos comer en la calle, no por necesidad ni porque en nuestro trabajo sólo nos dan una hora para hacerlo, sino que lo hacemos por placer, por vicio, por flojera o simplemente por antojo. Esto sucede porque estamos privilegiando la oportunidad de probar otros sazones, otra forma de concebir al mundo. Porque cada platillo que preparamos no me sale igual a ti que a mí. Y porque siempre crece mejor el pasto en la jardín del vecino. Es una especie de infidelidad gastronómica comer grasa fuera de casa y más cuando sabemos que hay Hígados encebollados o Calabazas rellenas.

La teoría que yo tengo de que comemos más rico en la calle es porque todas las garnachas, toda la variedad de antojitos hechos con masa de Maíz, llámense Sopes, Tamales, Tostadas, Tlacoyos, Tacos de canasta, de Pastor, de Bistec, de Carnitas, de Suadero, de Longaniza, Gorditas de Chicharrón, etcétera, necesitan ser aderezadas con esas partículas contaminantes suspendidas en el medio ambiente de esta metrópoli. De esas que nos dicen las noticias que se encuentran en alto porcentaje en ciertas zonas de la ciudad, según para dónde sople el viento.

Eso lo veo con los Sopes que yo preparo en mi casa y los que venden en el Mercado de la Guerrero. A pesar de hacerlos bien infladitos, con su respectiva muralla a base de pellizcos para contener el frijol aguado que lleva encima, el queso y la salsa; la verdad es que no me sabe igual en mi casa que en el Mercado. Creo que el meollo principal es la salsa. Sí, ese es el factor preponderante para una buena comida callejera, la salsa es determinante para enaltecer o sepultar uno de estos antojitos.

Hay otro antojo que tampoco me sabe igual si yo lo preparo que si lo compro. ¿A quién no le gusta un esquite callejero? Nunca me quedará como le queda al señor del carrito. No sé si será la dosis de fauna microbiana la que la calle le imprime acertadamente en el sabor de la olla de los elotes. Además de que cada vez que recibe el dinero, se limpia las manos en un trapo que es su comodín que lo ayuda para todo: desde ese que describo hasta para apoyarse y clavar el palo al elote y que sirva de base para comerlo. El secreto debe estar en recibir el dinero y con la misma mano preparar el elote o servir los esquites. Ahí está el misterio del verdadero sazón de la calle.

Cómo será de codiciado tener el sazón de la calle que ya una empresa alimentaria presume atrapar ese sazón callejero en unos cubitos sabroseadores o condimentos preparados, para que me entiendan mejor. Parece que quedó atrás el sabor casero que era tan importante para enaltecer un guisado. Recuerdo el sonsonete de unos panecitos que presumían de tener el sabor casero.
Bueno, si ya llegaron hasta al final de este largo chisme, tienen como recompensa una receta que me he quemado las pestañas e hinchado mi mano para tratar de atraparla. Porque no solamente me la paso olisqueado y probando garnachas y tacos callejeros. También intento reproducir los alimentos que me gustan de la calle, en particular de un restaurante bien fresón que ofrece en sus desayunos unos deliciosos pastelitos de elote. Para que vean que paciencia tengo, pero a veces las masas madres me rebasan el entendimiento.

Así que no dejen que el sazón callejero les gane y háganla ustedes con sus propios recursos en su casa. Finalmente está facilísima. Es como hacerse un licuado. No lleva harina, eso hace que sean como pequeños flanes, pero más rico que un flan.

Panquecitos de elote
6 Elotes
1 lata de leche condensada
3 huevos
1 pizca de sal
1 cucharadita de royal
1 barrita de 90 gramos de mantequilla derretida

Todo esto se agrega a la licuadora y luego se vacía directamente en moldes engrasados de panqué (cup cakes) o en un molde individual, se hornea unos 20 minutos o cuando queden dorados de la orilla. Los panquecitos deben quedar húmedos, como un flan por dentro. Esto se percibe una vez que se enfría y saben deliciosos, con todo el sabor del elote tierno.