"Porque es nuestro existir, porque es nuestro vivir, porque él camina, porque él se mueve, porque él se alegra, porque él ríe, porque él vive: el Alimento"



Códice Florentino, lib,VI, cap.XVII

martes, junio 29, 2010

Los martes de rojo


Margarita de pitaya
El martes es el día que se dedica al dios Marte, el martes utilize usted algo rojo en su vestuario. Pero si no puede beba algo rojo o coma algo rojo. Los alimentos rojos están llenos de antioxidantes que ya saben para que son buenos.
La pitaya es un fruto rojo, folckórico y es el favorito de muchos pájaros. Yo, al menos me siento muy lejos de tener un alma afín con cualquier ave, sin embargo, es una fruta que por escasa y por que su temporada es breve me encanta. Funciona como un ingrediente llamativo en muchos platillos. Es por eso que se me antojó hacerme una Margarita con pitayas.
La pitaya le da cuerpo al Margarita y lo hace sumamente atractivo, vale la pena conseguir unas pitayas. Inutil coseguirlas en el supermercado. Qué van a saber de esta fruta en esos lugares.
Ni critiquen mis copas para Margarita, mejor contemplen el fondo de mi hermoso helecho. Vienen mis amigos a mi casa, acaban tan bebidos que rompen mis copas de vino accidentalmente y ya sólo me queda una, de Margarita ninguna y de agua me quedan seis, al menos éstas las puedo usar para las tres bebidas.

Para seguir en tono rojo y como hoy es día 29 pues había que hacer unos ñoquis con papa y betabel. Los ñoquis se acostumbran comer el día 29 con una moneda de plata abajo del plato para atraer la abundancia. Acá escribí hace años sobre los ñoquis del 29. Sigo considerando un plato especial para niños remilgosos y que no les gusta comer. Con este atractivo color la imaginación puede correr y elucubrar cosas muy locas que se está comiendo.


Margarita de Pitaya
(para dos copas)
1 onza de Controy
2 onzas de tequila
100 gr. de hielo
2 cucharadas de azúcar
jugo de un limón
1 taza de puré de pitaya

En una licuadora se pone el controy, el tequila, el azúcar, el hielo y el jugo de limón, hasta triturar los hielos. Se agrega el puré de pitaya y se revuelve ligeramente sin triturar las semillas. No es recomendarle molerlas, por ahí leí el porque pero…ya no me acuerdo, si alguien sabe el por qué me dice por favor.

Ñoquis de betabel
(para 6 personas)
3 betabeles (remolacha)
3 papas
2 ½ de harina de trigo
1 huevo
50 gr. de queso parmesano rallado
Sal y pimienta al gusto

Los betabel se forran de papel aluminio y se asan en el horno dos horas, las papas una hora, se hacen puré cada una por separado y luego se juntan con el huevo, el queso, la sal y pimienta. La harina se va agregando poco a poco hasta integrarse perfectamente. Se deja reposar en el refrigerador por dos horas. Luego se saca y se vuelca esta pasta sobre una superficie enharinada y se van haciendo pequeños cilindros alargados para después sacar trozos de 2 cm. Se pasan sobre la ñoquinera o con el tenedor para marcarle rayitas y se meten a cocer en una olla con bastante agua hirviendo y sal. Se dejan ahí hasta que solos suben a la superficie. Se sacan del agua y se acompañan con la salsa predilecta. Puede ser de jitomate, de albahaca o de mantequilla. Se espolvorean con queso parmesano adicional.

martes, junio 22, 2010

Frutas de temporada

A veces me pasa que no puedo comenzar a hilar ideas con texto, comida, fotos y sentimientos para poderme ubicar en el asunto que voy a tratar. Me vuelvo entonces como aquellas parejas que no tienen tema de conservación y el recurso más fácil que tienen a la mano es comenzar a hablar del clima. Así es junio, es un mes que se me mete dentro de la piel, me seduce con una abundancia de frutas.


William Faulkner menciona en su novela la belleza de la luz de agosto, con esa luz color cobre agonizante que se vuelve tan sonora a los oidos como el sonar de unas trompetas. Lejos de esta prosopopeya melancólica del autor, cuando voy al mercado en el mes de junio me sumerjo extasiada en la luminosidad que tiene un puesto de frutas. Muchas de estas muy breves, razón por la cual las hace más apreciadas, como los chabacanos, lichis, capulines, pitayas, higos, tunas, uvas, (pero uvas mexicanas porque chilenas y gringas se encuentran todo el año). Así pasa ahora con esos mangos precoses que se pueden encontrar fácilmente desde enero y se extienden hasta octubre, se buscó de alguna forma tener una fruta de larga duración. ¿Por qué los botánicos no buscan la forma de permanencia de los membrillos? Qué tal si durarán ocho meses las granadas rojas o ya de perdida que al menos pudiera llegar hasta el Distrito Federal la breve temporada de jobos de la huasteca veracruzana. Todas estas frutas que se alejan de mi paladar por culpa de los regionalismos y de la poca demanda. Si nadie las conoce pues no hay quién la busque. Pero muchas veces no todo lo conocido y popular es lo mejor. Dentro de cada región del país hay un secreto gastronómico por descubir.

Como estos nopalitos cocinados en penca (hoja) de nopal, en Peña de Bernal, Querétaro. Esto se vuelve un homenaje al pleonasmo como la torta de tamal, pero muchísimo más ligh y saludable.La hoja gruesa y vieja del nopal sirve de recipiente para comer los nopales, ya sea de manera tradicional o con chorizo.

Nopales dentro de un nopal y tatemados en el comal.

Hoy me dijo una amiga que todos los días come lo mismo: atún, sardinas o arenques en lata, con un paquete de verduras congeladas que pone a hervir. No quiere complicarse la vida. Creo que al menos ha de ahorrar mucho dinero y tiempo. Me impresionó tal confesión, yo la verdad creo que inventaría al menos incluir algunas otras cosas a ese menú: frutas de temporada, para iluminar la monotonía.  

jueves, junio 17, 2010

Pregunta

¿Alguién sabe a dónde se fue mi contador de vistas?




¿Cómo lo puedo recuperar?

domingo, junio 06, 2010

Para esos momentos con finales infelices

Siempre cedo, la verdad es que no me gusta hacerme del rogar. Comprendo que debo acompañarlos, compartir esos momentos, imitarlos. Es que verlos juntos, tan entusiastas es ya un gran poder de convocatoria. Busco un lugar, me instalo cómodamente. Me alegra ver la parafernalia que tienen todos alrededor: camisetas coloridas, mucha, mucha cerveza y botanas. Pasan cinco minutos, ocho, diez, pero ya comienzo a aburrirme, raro, me vuelvo una mujer sin emociones. Pienso que sería mejor estar haciendo otra cosa que recostada ahí mirando la televisión. El propio domador que llevo dentro me dice que tenga paciencia, pero no soporto mirar las derrotas de los demás, con las mías propias tengo más que suficiente. Nada, el desempeño del equipo es combustible para adormecerme. Ya llevo dos cervezas. Los cacahuates fritos con ajo y chile de árbol se los acabaron a los 15 minutos de juego, las papitas al limón creo que nunca llegaron, las devoraron en el trayecto de la cocina a donde está la televisión, sólo quedan un montón de pistaches encerrados en su propio bunker que mis dientes no alcanzan a abrir. Con sus gritos y lamentos no me dejan ni siquiera dormitar, miro el techo y pienso que ya necesita pintura. Nada, el marcador va desfavorecido para este lado, y como siempre los mexicanos hacemos drama de lo que es comedia. Definitivamente, mejor me voy a prepararles algo nutritivo y rico de comer, para levantarles el ánimo y cuando acabe el partido no se entristezcan más.

Veras que todo es mentira, yira, yira.



Hamburguesas de tofu
4 tofus
1 taza de lentejas cocidas con sal
1 tazas de cebada perla cocida con sal
1/2 taza de avena
3 zanahorias rayadas
1/2 cebolla finamente picada
3 cucharadas de semillas de linaza tostada
1/2 pimiento rojo, 1/2 amarillo y 1 verde (hay que hacer que se vea vistoso y lleno de color el tofu)
sal, (diría yo que al gusto). Se pica finamente
y un manojo de perejil, como no tenía le puse un poco de hierbabuena, y quedaron muy ricas

Esta receta es mía y como siempre le pongo lo que se me ocurre y siempre la varío, a veces cuando tengo todos los ingredientes la hago así, otras veces la modifico quitándole uno u otro, o en su defecto le pongo algo más, esta vez no fue la excepción.

Se desmenuza el tofu y se mezcla con todo lo demás. Luego se hacen pequeñas tortitas y se revuelcan con un poco de ajonjolí, (opcional), se ponen sobre una bandeja o charola y se meten al horno a que se cuezan un poco, unos 7 minutos a 150°, se voltean con mucho cuidado sin romperlas, se vuelven a meter al horno, esperar un poco a que doren y sin que se resequen demasiado.
Yo volví a hacer pan de chile poblano, que es buenísimo para acompañarlas, pero también se pueden servir solamente con ensalada.
Para acompañar una cerveza mexicana excepcional, CALAVERA, estilo: Tripel de Abadía, hecha de manera super artesanal, sin filtrar y sin pasteurizar, lo que provoca que siga fermentando en la botella y el grado de alcohol sea más alto 9.5 G.L. Es una cerveza turbia, con un toque levemente dulce. Hay que felicitar a Cervecería Calavera porque nos dan el privilegio de tomar una cerveza de gran calidad

post scríptum:
Si no es aquí, ¿en dónde me hago autopromoción?
En la Revista del Consumidor del mes de junio hay un pequeño espacio que me dedicaron. Es tan pequeño que tendrán que leerla completa  para que se enteren de lo que hablo. Además de que es una edición especial dedicada a algo tan valioso como sencillo: LA SAL

miércoles, mayo 26, 2010

La historieta más mexicana que el mole

Hay gente que acumula y organiza ciertos objetos de alguna categoría en especial y le llaman: coleccionista. Su afición se vuelve más exquisita, sobre todo, cuando son objetos antiguos y eso ayuda a incrementar su valor. Se convierten en unos expertos en el tema de la colección que ostentan. Han aprendido a clasificarla y pueden reconocer distintas versiones que a los ojos de cualquier ordinario mortal pasan desapercibidas.

Acúsome entonces que yo soy de las personas que acumula objetos. Tengo un montón de “mugres”, para la mayoría de la gente que me conoce podría pensar que solamente es “puro tilichero”. Tal vez por esa razón yo no me considero “coleccionista”, más bien podría decir que guardo ciertos objetos que por su sencillez pasan desapercibidos para los demás y que para mí representan un pedazo entrañable de mi vida. De esa forma conservo tantas cosas.

Es así que mis plantas raras, mis juguetes artesanales, mis libros y mis historietas van por delante cuando tengo una mudanza. Apegos, le podría llamar cualquiera que me juzgue, para mí son artículos indispensables.

Conservo, desde niña, una gran cantidad de historietas de la “Familia Burrón”, del estupendo “monero” don Gabriel Vargas, que acaba de fallecer el día de ayer. Gabriel Vargas mantuvo durante más de 60 años la publicación de la Familia Burrón con distintas editoriales. Cabe decir que las mejores historias de la Familia Burrón se editaron en los años 50´s, 60´s y 70´s, comparándolas con las más recientes. Me atrevo a afirmar esto porque conservo varias de esas publicaciones y puedo decirlo tan sólo por el número de carcajadas que me sacan cada una de sus páginas. Además que el tamaño de la historieta fue cambiando, esas ediciones “incunables” que atesoro de antes de los años 70´s, son unas historietas “gordas” de más de 70 páginas y con una picardía genial de su principal personaje:
Doña Borola Tacuche de Burrón.

Este es mi personaje más querido. Una mujer que ingenia y pone sabor a la vida miserable y opaca que le ofrece su esposo, Regino, un peluquero de barrio. Borola es astuta, taimada, peleonera, mentirosa, bailadora y nunca va acostumbrarse a vivir con calma su destino. Es de ahí donde Gabriel Vargas sacó materia prima para continuar tantos años publicando una historieta, que por la trama y las características de sus personajes se convierte, como él mismo lo afirmaba, en una historieta más mexicana que el mole. En ella se ve reflejada la idiosincracia de los mexicanos y en especial de los habitantes de la ciudad de México.

Recordando a algunos de sus personajes:
Borola, Regino, Foforito, Macuca, Regino chico “El Tejocote”, Ruperto, Cristeta, Susano Cantarranas, Avelino Pilongano, Doña Gamusita, La divina Chuy, Boba Licona, Bella Bellota, Robertino, Don Quirino, Don Juanon Teporochas, Don Briagoberto Memelas, Floro Tinoco “El tractor”, El conde Satán Carroña, Cadaverina, Kakiko Kukufate, Wilson (el perrito de los Burrón), Alubia Salpicón, Sinfónico Fonseca, Isidro Cotorrón, Don Pánfilo. Era todo un ingenio tan sólo el nombre de sus personajes, sobre todo de los incidentales que aparecían en un solo capítulo.

Las aventuras que Borola Tacuche iban desde vender gatos por conejos para alimentar a su vecinas de la vecindad, hasta realizar su propio tren subterraneo y llegar a La Merced por víveres. Además de capítulos que cruzaban la frontera de una complicada historia surrealista, como dejarse quitar el esqueleto por temor a andar cargando encima con “La calaca”. Imposible olvidar la manera que tenía para formar sus albóndigas sobre el suelo y de ahí a la olla hirviendo, o los “cigarros” que se hacía de papel periódico, yo creo que por imitarla a hacerlos me quité la tentación de ser una fumadora, sabían horrible. Lo que más imitaba en mi niñez era la forma peculiar de hablar de sus personajes. Fuimos generaciones que nos enorgullecíamos de esa habla costumbrista.

Por guardar estas “historias chipocludas” de la Familia Burrón mis hijas las disfrutaron y conocieron, yo espero que al menos sigan siendo reeditadas la colección de estos en Editorial Purrúa, lástima que en esta colección sólo tengan las ediciones más recientes de don Gabriel Vargas, que publicó con su propia casa editorial G.G.

En el Museo del Estanquillo, de Carlos Monsivaís, hace unos años hubo una exposición de la Familia Burrón y de don Gabriel Vargas. Tenía varias portadas originales de La familia Burrón. Además de un dibujo que el propio Vargas había hecho para un concurso escolar en la primaria. El concurso era para representar la vida cotidiana en la ciudad de México. Ya desde ahí se podía apreciar lo buen dibujante que ya era y la manera de plasmar lo más típico de los mexicanos. Yo saqué fotografías de esa exposición, y por suerte las encontré por fin para publicarlas acá.
Gloria y alegría a quién hizo de mi infancia una estación feliz. Descanse en paz don Gabriel Vargas.

lunes, mayo 24, 2010

Uno atrás de otro




Hacer filas, tener un orden, esperar formados, hacer cola, hacer trámites, esperar, tener paciencia, seguir teniendo paciencia, hacer otro trámite, tomar turno.

Qué es la cocina, si no la rutina cotidiana que nos toca día tras día. 
Así es cocinar, poner un ingrediente después de otro, uno más asombroso que el anterior. Igual que estar formado mirando la cabeza del de enfrente, con tantas historias, con una vida tan diferente a la nuestra y tan repetable.

Brochetas hawaianas

palitos para brochetas
tofú (que habrá que exprimirlo previamente entre dos tablas y una toalla, para quitarle el agua). Luego se pone a macerar con salsa soya un día antes en el refrigerador.
hongos: pueden ser champiñones o en mi caso, yo usé portobellos.
cebolla cambray
pimiento morrón rojo y verde
piña

aderezo:
nuez picada finamente
aceite de olivo
 1 limón
 1 naranja
sal y pimienta al gusto.

Pongo en el palito de brochetas 1 cebolla cambray, un tofú, un pimiento, vuelvo a pensar que color queda para contrastar la hilera, agrego otro tofú. Son brochetas de tofú, a menos que opte por no poner tofú porque no me guste, o porque no encuentro en donde yo vivo, entonces podría hacerlas mejor sin carne y mejor la lleno con más vegetales a mi gusto, pero también me gusta la carne y si mejor las hago con pollo no estaría mal, al fin y al cabo que son sabores que combinan muy bien por ser más neutros, pero... la carne se cuece a temperatura distinta que los vegetales, entonces mejor la dejo macerando con soya igual que si fuera tofú, ah pero a mí no me gusta el pollo, ¿qué estoy pensando? mejor sigo la receta y no me complico con un monólogo interior.
Para hacer el aderezo:
rallo el limón y la naranja, exprimo el limón y 1/2 naranja los mezclo con aceite de oliva, la sal y la pimienta y con esto barnizo las brochetas, las meto al horno unos 15-20 minutos y al salir las acompaño con arroz blanco.

miércoles, mayo 12, 2010

Los mejores abrazos



Hay algo que me desespera cuando alguien me da un abrazo: es no tener las manos libres para abrazarse plenamente. Sin estorbos, sin que metan los codos, simplemente acercarse y darse uno mismo con entrega y afecto. Y no hablo de esos abrazos toscos y que casi casi te levantan del suelo en un afán por demostrar superioridad física y que te palmotean con tal fuerza la espalda como si te estuvieran tocando un timbal: tambó, tambó, tambó. Yo hablo de los abrazos que se disfrutan, que son muestra de cariño pleno, ¡aahh! esos me gustan. Con esos caigo total. Con ese tipo de abrazos me enamoré.

No sé si por haber crecido en una familia que nunca se demostraba su afecto de modo físico, sea por eso que valore tanto los abrazos, pero la verdad es que son tan sanadores. Brazos, manos, pecho y cabeza entrelazados alivian el alma. Apoyo y compañía necesaria.

Entrando en materia gastronómica, el abrazo se vuelve una manera sublime de combinar ingredientes y virtudes distintas. Tú conmigo y yo contigo se enriquece. Si en el abrazo se conjugan más de dos, tres o mejor cuatro tanto mejor. Sobre todo si cada ingrediente por separado ya es de por sí un portento de sabor:

Higos
Jamón serrano
Queso de cabra
Queso roquefort



Se escogen higos no muy maduros para rellenar. Se abren en cruz desde la punta sin llegar al fondo de la base.
Se envuelven en un abrazo graso y carnivoro, esos son los mejores, los más pecaminosos.

Se rellenan de queso de cabra y en el tope un poco de queso roquefort,
se meten al horno hasta que se gratine el roquefort.

Al conjugar estos ingredientes queda un magnífico platillo para recibir los abrazos que vienen al compartir con los amigos.

domingo, mayo 09, 2010

La melodía que reposa en silencio
en el fondo del corazón de la madre
será cantada por los labios de su hijo

Gibran Khalil Gibran

martes, mayo 04, 2010

Una receta rica y una historia inconclusa

Me dijo que quería comer algo distinto y que fuera algo fresco para este calor.


Le hice unos pimientos del piquillo rellenos, los sambutí con:
Camarones cocidos que luego mezcle con jitomates deshidratados fritos con ajo y romero. Los piqué y quedó una pasta muy rica. Los pimientos rellenos los acompañe de arroz salvaje y almendras. Todo se sirve en frío.

Eran tantas cosas que quería contarle, darle razones, ventilar mis sentimientos, pero parece que no era el momento. Tenemos una opinión equivocada de cada uno, él se queda con una imagen distinta de mí, y yo creo que ni siquiera lo conozco. Hay una parte que cada uno ha mantenido oculta, para protegerse, para ser otro. Fue por eso que terminamos hablando de temas menos dolorosos y mejor comimos y disfrutamos.
Le conté que el arroz salvaje no es un arroz, es un pasto acuático que crece en la región de los Grandes Lagos, en Canadá. Lo venden en algunos restaurantes pero la mayoría de las veces sólo dan 1 parte de arroz salvaje por 90 partes de arroz común y lo cobran carísimo. Este arroz lo tenía en el congelador, lejos de gorgojos e insectos indeseables. Tenía tanto tiempo de almacenarlo ahí, que son de esas cosas que se mimetizan de tanto verse en el mismo lugar sin que se perciba. Si quieres que nadie se de cuenta dónde está algo, ponlo en donde todo el mundo lo vea, así nadie lo verá..

La almendra la pelé, la piqué y la agregué al arroz salvaje, además de un poco de cilantro y unas cucharaditas de Salsa Lizano. ¿Cuál es la salsa Lizano?, preguntó. No lo quise confundir más y le dije que era como la Salsa Inglesa pero de sabor más rico. De todos modos no la compré aquí, era de Costa Rica.

Así que el arroz salvaje no es arroz, pasa por arroz, se tiene una percepción equivocada de él, es lo que no es. Cuando se cuece parece una diminuta palomita de maíz bien reventada, con una esencia distinta, diferente.

Ingredientes
un frasco de pimientos del piquillo, rellenos de:
1/4 de camarón
jitomates deshidratados en el horno, y luego fritos con ajo y romero

arroz salvaje cocido y luego revuelto con:
almendra pelada y picada muy fino
cilantro picado
salsa Lizano, o salsa Inglesa

domingo, mayo 02, 2010

Sus brazos, sus manos, su fuerza contruyen nuestro hogar

Active el sonido, por favor








Toda mi casa huele a comida, hice nopales, tinga, tamales, mañana es su día.


miércoles, abril 28, 2010

Hoy estoy bien verde


Hoy hice de comer mole verde. Recuerdo que mis hermanos decían que mi mamá había hecho de comer Pantano Verde, de verdad lo aborrecían. La verdad a mí no me parecía tan malo. Su sabor era muy rico, además viéndolo así como un pantano me imaginaba que salía entre medio del plato la cabeza del monstruo del Lago Ness.

Me gustan las historias de animales extraordinarios, irreales o que simplemente ya nadie los encuentra por ningún lado: unicornios, quetzales, ajolotes, sivaterios, manties, pájaros dodos, pero mis favoritos son los dragones y los dinosaurios. Más los primeros que los segundos.

Creo que lo que más desagradaba a mis hermanos era la textura del mole verde: una consistencia demasiada espesa y un poco granulosa. Ahora que estoy estrenando la famosa Thermomix, estoy de verdad como niña con juguete nuevo, me encanta lo que hace. Lo preparé ahí mismo y me quedó perfectamente molido, la textura era untuosa y muy muy rico, además no le puse grasa, con la que lleva del cacahuate y la pepita es suficiente.

Lo que no me van a creer es que lo hice con pollo, aggh, sí, yo que lo detesto, pero es que por fin encontré dónde comprar pollo santo: estos caminan, toman el sol, comen hierbitas, duermen, no es hijo de Frankenstein: sin alas y con piernas de maratonista olímpica. Hasta el color y el olor de la carne eran distintos. El pollo orgánico se está volviendo un ejemplar en extinción en las grandes urbes. Habrá que buscarlo con lupa y esperar por él.

Mole Verde:
4 piezas de pollo cocidas (pierna o muslo)
130 gr. de pepitas de calabaza
80 gr. de cacahuate
100 gr. de lechuga romana
200 gr. de espinacas
10 hojas de rábanitos
3 ramas de cilantro
5 ramas de perejil
1 pizca de cominos
500 gr. de tomate verde
1 diente de ajo grande
1 cebolla pequeña
1/4 litro de caldo de pollo del que se preparó al cocinarlo
2 cucharadas de aceite
sal al gusto

La receta es del recetario básico de Thermomix, mi madre hacía uno muy parecido, pero este me encantó con el cacahuate, por si no tienen este genial aparato les dejo la receta para cocinar de manera normal.

Procedimiento
En la licuadora se muelen todos los ingredientes,excepto el pollo y el aceite. Debe quedar perfectamente bien molido.
En un recipiente hondo se pone el aceite al fuego y sobre este se pone a cocer la mezcla de la licuadora, unos 15 minutos, luego se pone las piezas de pollo a que se impregnen del mole. Si espesa mucho se puede agregar más caldo. Se acompaña con frijoles. O si se prefiere se hacen enchiladas con este mole.

Y luego para seguir a tono con el color hice los panes de chile poblano que mi amiga Gabriela nos mostró en blog. Son buenísimos, se pueden hacer de pimientos rojos y entonces será un matiz de colores para saborear.


viernes, abril 23, 2010

¿Algo habrá cambiado?


En el día mundíal del libro, dejo aquí  ésto y, a propósito de los acontecimientos que este año se celebran por todo el país. Ustedes saquen sus propias conclusiones.

Nelly Campobello
Las manos de mamá
Había guerra, había hambre y todo lo que hay en los pueblos chicos. Nosotros sólo teníamos a mamá. Ella sólo tenía nuestras bocas hambrientas, sin razonamientos, sin corazón. Nuestra realidad era una tortilla redonda de harina, una ancha taza de café.


Estaba sola; su compañero vivía en su recuerdo. La fuerza de su amor sostenía su cuerpo esbelto de mujer. Tenía lágrimas el pan que nos daba.

Andrés Iduarte
Un niño en la Revolución Mexicana
…Los pescados se vendían en la playa, frescos, vivos, saltando dentro de las canastas. No recuerdo las mil variedades ni los mil nombres españoles y mayas: bocitos, robalos, chujchíes, vulcayitos, esmedregales…Mi mamá hacía en la casa el clásico pan de cazón, el platillo campechano insuperable. De “postas” de pescado y panuchos de cazón y frijoles habíamos ya vivido, exclusivamente, en Campeche, comprados en la Puerta de Tierra, la más pintoresca de la muralla.
Pero a mí, no como gastrónomo ni como zoólogo, sino como niño, otros eran los pescados que más me interesaban en Lerma: los tiburones. Tenían dos filas de dientes espantosos. Y las tiburones me interesaban aún más: se les movía la barriga, llena de tiburoncitos. Los pescadores se las tocaban con el pie y así se agitaban los animalitos que nadaban dentro. Saber que las tiburones cargaban a sus hijos dentro de la barriga, fue un descubrimiento importantísimo. Viendo luego a una vecina mía toda embarazada, cayeron definitivamente las leyendas de la garza y la canastita. Pero lo que no podía entender era cómo les ponían o les aparecían los niños y los tiburoncitos dentro de la barriga…


Rafael F. Muñoz
Se llevaron el cañon para Bachimba
—Pero no estamos peleando por venganza, Alvarito. La Revolución es algo más, algo tan grande que nos exhibe a los hombres en toda nuestra insignificancia: es la inconformidad del pueblo con su miseria. Cuatrocientos años trabajando para recibir en pago el hambre que lo enerva, que lo debilita, que lo agota. El hambre, una punta de hierro hundida en el vientre. Las generaciones nacen y mueren con hambre, sin haberse sentido hartas nunca. Hasta que se arrancan del vientre aquel hierro que en sus manos se convierte en arma para luchar contra su enemigo. Eso es la Revolución.

Francisco L. Urquizo
Tropa Vieja
Otamendi tenía la palabra; se conoce que la yerba le soltaba la lengua, parecía un poeta.
—¡Yerbita literaria!, consuelo del agobiado, del triste y del afligido. Has de ser pariente de la muerte cuando tienes el don de hacer olvidar las miserias de la vida, la tiranía del cuerpo y el malestar del alma…Sacudes la pesadez del tiempo, haces volar y soñar en lo que puede ser el bien supremo. Eres el consuelo del infeliz encarcelado, bálsamo del corazón y de las ideas. Humo blanco que se eleva como la ilusión; música del corazón que canta la canción de la vida del hombre intensamente libre; libre de los demás hombre, libre del cuerpo, absolutamente libre. ¡Yerebita santa que crea Dios en los campos para alimentar a las amas y elevarlas hasta Él! ¡Yerbita que tienes el don de darnos alivio y de hacernos olvidar, quisiera decirte un verso...!

Rafael M. Muñoz
Se llevaron el cañon para Bachimba
Marcos Ruiz, recibió, días después, una orden de partir. Ya no sería solamente para salir unas cuantas horas a pasear a caballo por las afueras de la ciudad, sino para dejarla por tiempo indefinido. Y nos estuvimos preparando toda la noche, limpiando las armas, arreglando las monturas, herrando los caballos, requisando cuanta mula hubo en la ciudad para cargarla con cajas de parque. Varias mujeres estuvieron toda la noche moliendo maíz tostado en sus metates, y, revolviéndolo con piloncillo, produjeron el pinole, el alimento del campesino y del caminante, allá, en el Norte. Nos dieron a cada uno un saco como de tres kilos; era la ración alimenticia para diez días. “Con un puñado de pinole y un trago de agua de tu cantimplora, muy bien te pasas el día”. Todos estaban acostumbrados a esa dosis: yo, no, y pensé que podía pasar hambre.

Cartucho
Nellie Campobello
A mí me parecía maravilloso ver tanto soldado. Hombres a caballo con muchas cartucheras, rifles, ametralladoras; todos buscando la misma cosa: comida. Estaban enfermos de la carne sin sal; iban a perseguir a Villa a la sierra y querían ir comidos de frijoles o de algo que estuviera cocido.
—Vamos a traer la cabeza de Villa— gritaban las parvadas de caballería al ir por las calles.
Una señora salió a la puerta y le gritó a uno de los oficiales:

—Oye cabrón: tráime un huesito de la rodilla herida de Villa para hacerme una reliquia.

Hombres que van y vienen, un reborujo de gente. ¡Qué barbaridad; cuánto hombre, pero cuanta gente tiene el mundo! —decía mi mente de niña.

José Rubén Romero
Mi caballo, mi perro y mi rifle

—Todos vamos a tener una muerte tan piadosa como esa, todos menos tú. Aurelio que dices que te espantas los tiros a sombrerazos.

—Los tiros sí, pero el hambre no, más dura que la misma muerte. Vamos a ver, muchachos ¿les gustarían unos chicharroncitos mantecosos?, ¿un burrito de longaniza?, ¿un corderito al horno? Pidan, pidan por esas bocas…

Oyendo aquella lista de cosas buenas nuestros rostros se animaron, nuestros ojos resplandecieron como al grato recuerdo de una novia; el aire se difundió, ¡oh, patente milagro de la evocación!, el aroma exquisito de todos los manjares campiranos, y hasta a nuestros fusiles enternecidos se les hizo también agua la boca…

Francisco L. Urquizo
Tropa Vieja
—Ora sí, compañero; ya eres soldado de veras, dejaste de ser recluta, así como antes también dejaste de ser libre. Te arrancaron, como a mí, la libertad; te cerraron la boca, te sacaron los sesos y ahora te embadurnaron el corazón también. Te atontaron a golpes y a mentadas; te castraron y ya estás listo, ya eres un soldado. Ya puedes matar gente y defender a los tiranos. Ya eres un instrumento de homicidio, ya eres otro.

José Rubén Romero
Apuntes de un lugareño
Entramos al “Globo” y nos instalamos en una mesa.
—Estoy un poco azorado —me dijo mi primo—. Aquí vienen puros ricos.
—Los que tienen para pagar el consumo y nosotros lo pagaremos. Dime ¿qué quieres tomar? —apremié delante de la camarera.
—Medio cuartillo de nieve de pasta —me respondió muy serio.
—¿Qué dice? —interrumpió la empleada.
—Quiere un helado de vainilla.

Y mi primo agregó:

—Mire, señora: traiga también unas rebanadas de marquesote.

Pero la mesera no entendía una palabra.
—Pan inglés me apresuré a decir, vertiendo al lenguaje de la capital el idioma castizo de nuestro pueblo.
Cuando la chica del servicio se retiró, mi primo preguntóme con curiosidad, mirándola tan bien vestida, si era hija del dueño de la pastelería.
Y en tanto nos traían la merienda, hizo mi pariente la obligada evocación del terruño.
—¡Para pasteles buenos los de Cotija! ¿Te acuerdas? ¡Si el maestro Jorge hubiera tenido una casa de éstas! Fíjate que aquí no hay todo lo que él hacía. ¡Aquellas empanadas de leche: los cochinitos de a centavo y los borrachos de catalán, que positivamente se subían a la cabeza!
Llegó la camarera y nos sirvió el pedido; pero mi primo a las primeras cucharadas, decepcionado, abandonó la nieve.
—¡Esto no tiene leche ni tiene huevos!

Tropa Vieja
Francisco L. Urquizo
A poco rato, “Rancho”. De dos en fondo fuimos pasando delante de unos peroles que echaban humo y que olían sabroso. Cada quien aprontaba sus trastos de hoja de lata y los rancheros les servían en cucharón de frijoles y otro de atole con chile; les daban también una pieza de pan y tres tortillas.

Mis dos compañeros y yo estábamos provistos de los mismos trastos que nos dio un sargento para nuestro uso.
A la voz de “Rompan filas” nos desperdigamos todos a comer nuestro alimento. La corneta de la puerta tocó “Atención” y entraron las viejas con las canastas ya bien revisadas.

Mis compañeros y yo estábamos juntos, sentados en un rincón, comiendo aquello que nos habían dado. Era bien poco.

—Tendremos que buscarnos viejas que nos traigan algo más de comer —dijo el mayor de los Villegas.

—¿Y con qué fierros? —preguntó el menor

La sombra del Caudillo
Martín Luis Guzmán
“Va a ser inútil resistir —pensó Axkaná—. Acaso fuera más juicioso no oponerse.”

Tuvo, sin embargo, miedo de que lo envenenaran.

—Y ¿quién me asegura —preguntó— que es sólo tequila lo que quieren darme?
—Nadie. Y sobran las preguntas. Si quisiéramos envenenarlo o matarlo de otro modo cualquiera, ¿quién lo habría de impedir? Pero ya oyó que pedí el tequila. Sienta la botella: está nuevecita, la acabamos de destapar. Beba, pues, por las buenas o por las malas. Traiga la mano…¿No es ésta una botella?

A despecho de todo, aquél lenguaje hizo cierta gracia a Axkaná. Tocando la botella, dijo:

—Sí es una botella.

—Beba un trago, pues…Mire: bebo yo primero.
Breve silencio…Chascaba una lengua:
—Buen tequila, ¡la verdad de Dios!...

Ahora usted.
Axkaná bebió.
—¿Es tequila o no es tequila?

—Así parece.

—Beba otra vez.

—No, ya no.

—Beba otra vez, le digo…Y nomás no se mueva tanto, que la pistola puede dispararse.

José Mancisidor
En la rosa de los vientos

El hambre toca los hogares. La miseria llega por todas partes. León Cardel pugna por imponer el orden. Obliga a las gentes a formar en colas interminables para recibir sus raciones de alimentos. Trabaja noche y día sin reposar. Apenas duerme. Su resistencia física es inagotable. La lucha por el maíz, por la harina o el frijol, es otro campo de batalla. Las mujeres se insultan, los hombres riñen, los niños se miran como enemigos irreconciliables.

Un día llegó el Canteado a buscarnos. Sudoroso y violento y resoplando como perro cansado.

—He localizado a un acaparador —nos dijo con tono agresivo e impaciente—. Haremos un escarmiento. ¿Cuento con ustedes?
El Negro y yo lo seguimos por unas calles desiertas y lodosas y sembradas de baches. Sobre nosotros caían las últimas sombras de la tarde. La ciudad destacaba sus fuertes perfiles en la media luz de la hora. De un sucio zaguán salieron unos soldados a quienes el Canteado había dejado vigilando. Luego nos distribuyó por las calles adyacentes y dirigiéndose a un portón golpeó escandalosamente con la contera de la pistola.

Salió a abrirnos un hombre de ojos pequeños y perversos, que los guiñaba con pasmosa frecuencia. Su abultado abdomen escapaba por debajo del chaleco. Sus manos temblorosas, buscaban, nerviosas, un sitio en qué apoyarse.

El Canteado lo empujó con brutalidad y pasando adelante se perdió en el interior de la casa. Al rato retornó llevándonos a los húmedos sótanos, en los que cientos de sacos de maíz y frijol formaban una montaña hasta tocar el techo.

El hombre se sintió perdido. Todo su cuerpo temblaba incontenible y de sus ojillos perversos salía una mirada de animal perseguido. De pronto pareció que iba a desmayarse. Sin embargo, hizo un esfuerzo por dominarse y habiéndolo conseguido, llamó aparte al Canteado. Durante unos minutos los vimos hablar sin escuchar lo que decían, en un murmullo sordo y misterioso. Luego éste, llamándonos al Negro y a mí, nos dijo con irritada voz:

—Este hombre quiere saber nuestro precio. ¿Qué opinan ustedes? ¿Están dispuestos a venderse? —Sin darnos tiempo a responder, prosiguió con creciente ira—: La respuesta se la voy a dar. Quedará satisfecho. —Y encarándose conmigo me recomendó—: Consíguete una reata…

martes, abril 13, 2010

Hoy amanecí bien hippie

Yo sigo con el tema de las flores. A veces me da un poco de culpa pensar que si como flores estoy impidiendo que lleguen a ser frutas. Pero no todas las flores se transforman en fruto. No como flores de durazno pero bien que compro una varita para ponerla en un florero. Tampoco como flores de mango. Pero sí bebemos infusiones de flores, como las de azahar y tila para dormir, las de bugambilia y mercadela para la tos, o la de jamaica para hacer agua fresca y luego, ya que soltó su sabor, esa flor sirve para comérsela en tacos. Si comemos frutas, esas frutas antes fueron flores, entonces, podremos decir que alguna vez al menos, todos hemos comido flores de alguna forma.

Hay alimentos sin procesar que por si solos son bellos, casi todas las verduras y frutas lo son, pero las flores que además de adornar sirven para comer tienen un plus agregado que las hace más valiosas. Ah, pero, es curioso, la flor que más comemos los mexicanos: la flor de calabaza, nadie la pone en un florero para admirarla o para olerla.

Hay un monumento al camarón en Campeche, los pescadores lo hicieron en agradecimiento a ese crustáceo que les ha permitido vivir de él, yo me pregunto y ¿por qué no un monumento a la flor? La flor nacional de México es la Dalia. ¿Sabían que se comen los pétalos y el bulbo de esta flor? Yo no sabía, y la comí en el jardín botánico de la UNAM, hace dos años, fue una experiencia muy grata.

In xochitl in cuicatl: Flor y canto. Era lo que nuestros antepasados entendían como un instante y una eternidad, llegar ahí donde se trasciende la efímera existencia humana. Correspondiendo al sonido musical y la belleza, la fragancia y por supuesto,-ellos también lo sabían-, al alimento que la flor por sí sola puede ser.

Dicen que somos lo que comemos, en este caso ¿quién no quisiera que la acción de comer flores ayudara a contrarrestar la violencia en este país? Así todos, al masticar la belleza y sutileza de una flor los sentimientos de ambición y venganza se diluirían. Además con el resultado de comer flores en demasía, se podía generar un gen que a la larga impidiera ese quiste indeseable que se llama corrupción penetre en el torrente sanguíneo de los individuos. De esa forma el cerebro tendría una expansión y mejor oxigenación para permitir reconocer que el deseo de poder y dominio sólo es vulgo vano ante la dicha de olisquear y saborear la naturaleza rústica de una quesadilla de flor de calabaza, aderezada con un molito amarillo y queso Oaxaca. Una felicidad gastronómica sería el camino para allanar mejores sentimientos. Imaginen el espíritu de cualquiera de nuestros gobernantes, ennoblecido y apoyando lo que clamaba el poeta Luis Rius: No se puede vivir como si la belleza no existiera.

Se tendría que hacer un jardín florido todo el territorio nacional. El estado de Sinaloa, Chihuahua y Michoacán, podrían ser el mayor productor de flores para comer. Habría cultivos además de flores de calabaza, árboles de colorín, flores de maguey y de otros agáves, flores de sábila, de biznaga, de palma, de yuca, de quiote, huazontles, crisantemos, rosas, jazmín, en fin, podríamos hacer la prueba con otras especies vegetales inimaginables y luego, hasta exportarlas. Las flores comestibles estarían a la alza en el mercado mundial.

Con la panza embutida de flores, el cerebro lleno de un razonamiento estético y el estado del alma ennoblecido, podría estallar una revolución florida y los individuos a pesar de todas las diferencias encontrarían algo en común por defender vorazmente: la belleza.

domingo, abril 04, 2010

Flores de sábila para soñar bonito



Tengo que aceptar que tengo una fuerte debilidad por las flores, en todas sus  formas, desde verlas, olerlas, procurarlas, cultivarlas, hasta comérmelas.
Esta flor de sábila (áloe) luce en estos momentos con todo su colorido sobre el arriate que tengo en la entrada de mi casa.

Pero con sólo dos sábilas en mis macetas era imposible darme el lujo de cosechar esta cantidad de flores de sábila que están en este plato. Estas las compré en Santiago de Anaya, Hidalgo. Esta vez cayó en Semana Santa el Festival Gastronómico y las compré precisamente en ese lugar. Me dieron muchísimas por tan sólo 10 pesos.
Una forma de guisar sencilla para tan exquisito y singular platillo: sólo les puse poro, echalote y sal. Las acompañé con arroz blanco y una salsa de xoconoxtle asado. Lo mejor de este platillo es que las flores no necesitaron que se le quitara nada (pistilo, estambre), como otras que son trabajosas para prepararlas.

Podría decir muchas más cosas de este platillo, hablar de la importancia que tiene para mí  comer flores, pero la verdad cuando las cosas son tan buenas las palabras son tan ociosas y salen sobrando.

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