
¿¿Qué??
¿Se espera que diga que mi niñez fue la mejor etapa de mi vida?
Naaah
Creo que después que murió mi abuela nunca volví a ser la niña feliz que era entonces. Muchas cosas sucedieron, sobre todo por la comida de pesadilla que me endilgaba mi mamá. Ayyy, ahí comencé a preguntarme porqué había tanta diferencia entre una buena comida y otra. No era posible que entre las mujeres más entrañables de mi familia las cualidades culinarias de ambas estuvieran enfrentadas cada una en un extremo del ring –y ganó la más joven.
¿Se espera que diga que mi niñez fue la mejor etapa de mi vida?
Naaah
Creo que después que murió mi abuela nunca volví a ser la niña feliz que era entonces. Muchas cosas sucedieron, sobre todo por la comida de pesadilla que me endilgaba mi mamá. Ayyy, ahí comencé a preguntarme porqué había tanta diferencia entre una buena comida y otra. No era posible que entre las mujeres más entrañables de mi familia las cualidades culinarias de ambas estuvieran enfrentadas cada una en un extremo del ring –y ganó la más joven.
Extrañaba los mimos que recibía en la mesa de la abuela y tenía que acostumbrarme a esa mujer que se decía que era mi madre pero que me torturaba como la peor bruja tratando de alimentarme, porque yo, de plano, no comía su comida. Me llenaban de vitaminas para estimular el apetito, de proteína en polvo, licuados, postres a base de huevo, hasta que finalmente, mi mamá se conformaba viéndome comer fruta y leche. De repente también me llevába a comer algunos tacos en la calle o yo me llenaba de chucherías que encontraba en la escuela, que no eran tan nocivas y engordadoras como los Mac Incomibles que comen los niños de hoy en día.
Hasta que aprendí a cocinar y la situación cambió, comencé a encontrarle el gusto a la comida. Comprendí que parte de la madurez depende de aceptar una mayor diversidad de alimentos y platillos al comer. Incluso, no sé que pasó pero la comida que preparaba mi mamá la dejé de ver con tanto rechazo y de vez en cuando le alabé algún guisado.
Como dice Serrat les vamos transmitiendo a nuestros hijos nuestras costumbres y nuestras frustraciones. También nuestras maneras de comer, afortunadamente habemos algunos que decidimos dar el salto, ir más allá y buscar otras maneras diferentes de lo cotidiano.
La canción que les dejo aquí de Yucatán A Go-Go, no es exactamente mi caso, pero si el de otros chamacos que sufren de madres tiranas. Porque al menos la mía, como es campechana me dió mucho puerquito y pescado.
Como dice Serrat les vamos transmitiendo a nuestros hijos nuestras costumbres y nuestras frustraciones. También nuestras maneras de comer, afortunadamente habemos algunos que decidimos dar el salto, ir más allá y buscar otras maneras diferentes de lo cotidiano.
La canción que les dejo aquí de Yucatán A Go-Go, no es exactamente mi caso, pero si el de otros chamacos que sufren de madres tiranas. Porque al menos la mía, como es campechana me dió mucho puerquito y pescado.



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Esta es la segunda ocasión que asisto al Festival y gracias a que colaboro en la revista Alas y a mi editora Aída Suárez y Raúl Guerrero, pude estar más de cerca del concurso. Lo que siempre es de llamar la atención es el orden y la paciencia que tienen las señoras de estar sentadas tantas horas frente a sus platillos, repitiendo gentilmente los ingredientes y el nombre de su guiso a quien lo requiere. Al finalizar el concurso, cuando ya se había retirado la mayoría del público que se deleitó con sus platillos, se dijo el nombre de las ganadoras. 
La señora Epifania Callejas Vázquez del Municipio de San Salvador Vixtha de Madero con una delicia de platillo: Ardilla con verdolagas secas y orejones de calabaza. Esta forma de dejar secar las calabazas es muy común en el Valle del Mezquital.


La reyna del festival con su vestido de totomoztles
Estos son los shamues vivos. Son las chinches del mezquite y son más puros que los pensamientos del Papa



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