"Porque es nuestro existir, porque es nuestro vivir, porque él camina, porque él se mueve, porque él se alegra, porque él ríe, porque él vive: el Alimento"



Códice Florentino, lib,VI, cap.XVII

sábado, septiembre 05, 2009

La torre


Lo que se decidió por voluntad propia ha comenzado

la comodidad no alimenta

el rayo brota y lo evidente se tiene que enfrentar


O nos movemos o el manotazo asestado nos paralizará

el cambio se come con dosis de incertidumbre

la luz se sostiene en alto y alumbra la distancia más lejana

otro camino comienza y ahí vamos

domingo, agosto 30, 2009

Levantando la cosecha



Desde una azotea de un populoso barrio en plena ciudad de México, declaro formalmente inaugurada la recolección de jitomates hidropónicos. Al cortar la cosecha, sin proponérmelo viene la reflexión, la recapitulación de muchos cuidados, errores y ciertas faltas, pero finalmente aquí están los frutos radiantes y generosos, dispuestos a ser transformados y consumidos. Sobrevivieron al Carnaval, la Semana Santa, la influenza humana, las elecciones y, posiblemente, pese a todos los designios seguirán ahí reproduciéndose todavía después del informe presidencial del mediocre Felipillo.

Y en la planta baja, en el otro jardín macetero, ése sí con tierra, creció con muchos cuidados una planta de acuyo, mejor conocida como: momo, hierba santa, hoja santa, cordoncillo. Esta hoja tiene el poder de restaurar las fuerzas perdidas de las noches por calores agobiantes, malos tragos, búsquedas fallidas de trabajo, discusiones infernales, pésimos tacos, insípidos poetas, amigos mentirosos. Dicen que unas hojas de esta planta, arrimadas en cocimiento por las mañanas, hace hablar antes a los bebes y los inducen a avisar para ir al baño. El chocolate con agua aromatizado con hierba santa, si se les da de tomar a los ancianos, un estremecimiento recorrerá su cuerpo llenándolos de exquisito placer y sacaran de quién sabe dónde un montón de anécdotas y recuerdos olvidados, para que después su andar sea más ligero y ágil. Habrá que probarlo y comprobar los resultados.


Para conjugar la recolección de las cosechas, esta es la receta que se me ocurrió para festejar. Rollitos de Hoja Santa frita rellena de queso Oaxaca y queso de cabra en salsa de jitomate hidropónico y tomate verde. Acompañados de frijoles y un chile de agua que me trajeron de Oaxaca, el cual rellené con otro rollito. Quería rellenar después con ese chile de agua un chile ancho, luego una calabacita, para que así se fuera haciendo un conglomerado de rellenos, pero como no había nada de esas otras cosas a la mano, mejor le paré y ahí quedo listo.

jueves, agosto 20, 2009

Catskill Mountain

levántate a las 4 de la mañana a preparar el chai del desayuno prende los hornos y comienza por descongelar las galletas de chocochips y las de macadamia con chocolate no olvides que los mexicanitos que están en la cocina tienen añoranza y quieren que les hagas bolillos desean comer molletes y aquí ni modo de hacerlos con bagels también quieren que les hagas algún día pan dulce sus preferidas son las conchas no importa que lleves días sin dormir no importa que no te acostumbres a irte a la cama cuando el sol todavía esta brillando no importa que te cante toda la noche un búho hacia la ventana de tu cuarto finalmente en este lugar nadie descansa las actividades son tantas que no hay tiempo ni de dormir desde que llegaste has pelado como dos millares de manzanas la gente te admira al ver que eres la más veloz de todos haces competencias a ver quién termina de pelar más rápido una manzana y sin romper su cáscara al día siguiente celebran el día de la independencia y necesitan muchísimas manzanas para su famoso apple pay Annunziata y Eli te preparan café expreso de la mejor manera como dos italianos saben hacerlo vives un círculo vicioso no duermes porque tomas café y si no tomas café y te estás durmiendo en el trabajo llegas a la habitación que compartes con cinco mujeres más y te das cuenta por primera vez en tu vida que ante los zapatos de ellas los tuyos son como los de la Cenicienta después de tres semanas duermes unas horas por fin así tenía que ser si bailaste tres horas sin parar al despertar lo primero que ves son las dos enormes nalgas de tu compañera de junto que saca sus ropas debajo de su litera esperas a que desocupen la regadera una australiana que se bañó antes que tú no tiene para cuando vestirse y callarse así desnuda platica contigo tú no entiendes su acento y sólo mueves la cabeza dos mexicanas te invitan a ir de compras y como buenas millonarias es lo que mejor saben hacer apenas las conoces sin embargo oíste la palabra que necesitabas para animarte y levantarte temprano en tu día de descanso: Woodstock no importa que hayan pasado veintisiete años después del festival no importa que no tengas dinero suficiente no importan los venados muertos y atropellados que miras por la carretera lo importante es que el lugar es como te lo has imaginado igual que en tus sueños de adolescente piensas que si vivieras aquí como artesana te iría muy bien un hombre como de 68 años con collares camisola de algodón rastas rubias y barbas enormes pasea en bicicleta te manda un beso y te regala una margarita las millonarias entran en todas las tiendas una tras otra y compran compran compran tu oyes varios conciertos callejeros de muchachos que tocan la armónica mientras le enseñas a una vendedora de joyería una nueva técnica de hacer eslabones para cadenas ella te regala un cascabel esmaltado en gratitud vuelves a pensar que si vivieras aquí a lo mejor tocarías la armónica las millonarias te invitan a cenar en un restaurante camino de regreso escuchan a Joe Cocker vuelves a hacer pan de madrugada sigues sin dormir te has quedado sola por fin en la habitación alguien dejo unos zapatos increíble son de tu número y son nuevos esperas que alguien regrese por ellos has visto desde la ventana al búho que no te deja dormir ahora tiene crías y el ulular ha aumentado las conchas de pan quedaron deliciosas ahora todo mundo quiere que las hagas diario has disfrutado y padecido cada instante en ese lugar donde las piedras se pulen al contacto con otras...




lunes, agosto 10, 2009

Seducir, fornicar, comer, morir

Primero. No hay enemigo pequeño y menos una mantis religiosa. Es desafiante y combatiente. Ella me mira molesta e irritada, no le he hecho nada aun y ya está a la defensiva, gira su cabeza y me busca. Es interesante su postura erguida parada en dos patas, parecida a la de un humano. Aquí podría yo hacer alguna proyección antropomórfica y decir que es una guerrera preparándose para una lucha cuerpo a dedos, con sólo el arma de sus púas que están dispuestas a cortar mi desnuda piel. Para evitar que lo haga prefiero azuzarla con una hoja. Podría decir que casi oigo el lenguaje pendenciero que me lanza, de alguna forma acuno dentro de mí pecho la mala vibra que irradia el animal. No debería hacer esto, sin embargo su ímpetu para la pelea me parece tan atrayente.

Segundo. Supongo que por esa seducción también engancha a su pareja. ¿Sabrá el macho que esa voluptuosidad sexual se equipara con su lujurioso apetito? ¿Sabrá el porqué del canibalismo de su compañera? ¿Sabrá el decapitado que de esa forma se prolonga un mejor y más largo espasmo durante el coito? Es así como la mantis además de agresiva y glotona es una sabia concupiscente. Nada mejor para nutrirla que su propia especie. Tal vez debería el macho haberla hecho comer algo antes de sus nupcias o quizá ese es el precio para pagar semejante placer.

Comienza el mito matriarcal y un ciclo de vida en orden extraño: sexo, comida, muerte, reproducción. De tal modo se demuestra que los animales se parecen tanto al hombre que es imposible distinguirlos de este. El deseo y los temores de ambos entrelazados por el seno nutriente y devorador de la madre.

Lo cierto es que me acordé de la leyenda de la Coyolxauhqui. Sería interesante subir a la mantis en una pirámide del Templo Mayor y desde ahí mirarla decapitar a su pareja. Aunque ella no tendrá la intensión de arrojar escalinatas debajo de la gran pirámide a su víctima desmembrada, ella sabe que es mejor aprovechar cada partícula de su enemigo, pata por pata, antena por antena, es que los insectos se aprovechan completitos.

Tercero. ¿Cuándo se ha puesto usted lector a desollar un taco de chapulines de Oaxaca? Extirpar primero el corazón del enemigo ofrecerlo en sacrificio para luego devorarlo. No, ¿verdad? Es mejor comerlos completos, nada más no sean avorazados como lo fui yo el otro día cuando inocentemente iba a degustar por primera vez unos jumiles comprados en el mercado de Cuautla. Llegando a casa de mi amigo Luis calenté una tortilla, le puse salsa y así vivos me los comí. En el pecado iba la penitencia, el sabor de los jumiles nunca es para comerse de a montón como los chapulines, los escamoles o los shagues, no no no, estos animales sólo sirven de aliño. Su sabor es poderosísimo. Parecía que le había dado una mordida a un taco de wasabi (esa pasta verde que te acercan con el sushi). Los jumiles tienen un fuerte sabor como a clavo de olor. Los consejos y las maneras de comerlo me llegaron después. No Carmen, que atrevida eres, solamente se usan cuatro o cinco en un taco, de preferencia acompañados con guacamole o con cecina de Yecapixtla. O de otra manera pueden ser usados como condimento para una salsa molcajeteada. Pero es que ni siquiera se me ocurrió comer primero uno, uno solo para saber que me estaba metiendo a la boca. Ah, quedé escarmentada para no volverlos a comer en muchos años.
Todo esto rollo de insectos tiene un simbolismo y todo esto no es más que un ejercicio para mi clase de hoy. Evitaré hablar de mi experiencia con los jumiles para no ser analizada comparativamente. Por lo pronto me enteré que hay un libro sobre la manera de perder peso antes, durante y después de tener sexo. La mantis seguro que ya lo leyó.



miércoles, agosto 05, 2009

Hablando de máquinas inútiles

Para que molestarse en preparar uno mismo su café si ya está aquí Hina, la robot que te lo prepara con gusto y moviendo sus colitas de caballo.

Aunque de repente le tiemble un poquito el pulso.

domingo, agosto 02, 2009

Soberbia II

Tengo dos cabritillas, ay lerelerelé

arriba en Tatatila ay lerelerelé

arriba en Tatatila ay lereailé



No son dos cabritas, han de ser un montón porque dan bastante leche y de ahí sacan unos quesos deliciosos. La señora Cruz, de Tatatila, Veracruz, (perdón por la cacofonía) me surte de esos quesos que son un prililegio encontrarlos. También hace un requesón de cabra que uso para hacer un postre riquísimo y es el causante de que engorde: un panque de requesón con zarzamoras. Esta vez lo use en algo salado, esta rica tarta pascualina que desde hace un tiempo la quería hacer.
Cerca de donde está mi médico hay una panadería con unos argentino-uruguayos, siempre que voy a verlo compro alguna empanada argentina, son muy buenas pero caras. Otro día al entrar vi que sacaban una tarta pascualina y la vendían en ¡220 pesos! Me vine indignada a mi casa a prepararla yo misma. Y me acordé que Kako ya había puesto esta receta en su blog.
Solamente que yo no usé queso ricotta, (la verdad es que nunca he visto que vendan de esos quesos en este país) así que usé el requesón de cabra cabratis de Tatatila. Es demasiada arrogancia que diga que quedó buenísima, pero la verdad es que así fue.

Siguiendo la secuencia de las fotos, las cabritas y el proceso del pan, me acordé de esta entrada antigua. ¿Cómo el hombre puede, a pesar de la vida volverse poeta?

martes, julio 28, 2009

Pena de muerte quien no llegue a viejo

No entiendo mucho ese ciclo que opera semanas antes de cumplir años, me han dicho que la energía está en su rango más bajo. Podrán ser estupideces inventadas sin fundamento científico pero de que se cumple se cumple. Yo lo atestiguo cada año.

Uno hace lo posible por mantener el cuerpo en buen estado y en caso de tener padecimientos, atenderlos, pero cuando se trata de las hormonas la convivencia se vuelve una guerra en el menos metafórico de los sentidos. Así ha sido esto desde hace más de un mes. Quisiera sentir que todo esto va mejorando, que los años no están aquí para recordarme que voy cerrando un círculo. Cómo me gustaría poder aplicarme a mí misma un programa antivirus de la misma manera que lo hago con mi computadora y borrar los spywares, detectar las vulnerabilidades y combatir las amenazas. Quedaría perfecta, reluciente, como pasada en limpio, lista para aguantar lo que venga.

En el libro que estoy leyendo de Anatomía de la melancolía de Robert Burton una obra escrita en 1621, se adelanta a los romanticos creadores del spleen y analiza un museo de ejemplos melancólicos: “a la melancolía producto de la bilis negra, la rige Saturno, y puede ser causada por un sinnúmero de motivos, desde un equivocado temor de Dios a un apasionado enamoramiento de la carne, pasando por los hechizos, encantamientos, la posición de las estrellas, la naturaleza de nuestros padres, una dieta inapropiada, la soledad, la indolencia, la falta o el exceso de sueño, la imaginación demasiado viva, la vergüenza, la envidia, el odio, la lujuria, el gusto por el juego, el exceso de estudio, el amor propio, la vanidad, la calumnia, la burla, la esclavitud, las prisiones, la pobreza, la muerte de un amigo, la deformación del cuerpo…”

Leyendo esto concluyo que mi melancolía es polifacética, polimórfica, policroma, policía venga por favor y llévesela, arréstela y no la deje acercarse a menos de 6 kilómetros de distancia.

Cada tipo distinto de mis melancolías pueden ser analizadas en el desvelo de muchos años. Pero enfocándome en particular por aquella melancolía causada por dieta inapropiada podría decir que me domina una dieta bastante alta en alimentos tamásicos. (¿Qué que es eso? Píquenle aquí si quieren más información, si se trauman y azotan será bajo su propio riesgo)

La naturaleza de alguien que ha nacido en plena temporada de lluvias, atrae el gusto por alimentos que crecen en esta época. En este caso para mí son los hongos, un alimento tamásico que se declara inocente por ser un vegetal, sin embargo por crecer de noche no se admite con los alimentos sátvicos y le hacen boicot. Definitivamente malos según mi dosha Pitta (complexión en el ayurveda). Los hongos crecen y viven irremediablemente con la misma fuerza e intensidad como yo lo hago, encuentran el clima y los elementos adecuados y órale, a brotar aunque después no sean aceptados por las exigencias puristas.

Los hongos nacen en silencio como bien lo dice aquí Marosa di Giorgio. Los hongos silvestres nacen julio para alimentarme, yo nunca lograré con empeño una dieta ayurvédica, reconozco mis debilidades, mi irresponsabilidad sibarita me vence. Seguiré combatiendo por otros medios a mis veleidosas hormonas.


Hongos tecomates o yemas, un poco de mantequilla, ajo, sal y unas ramas de epazote. Así de sencillos son los mejores manjares.


miércoles, julio 22, 2009

La hermenéutica de un grano de arroz a tu mesa

























No me digas que estoy loca porque así lo interpreto
finalmente es un trabajo poco común
pero es trabajo

Le gritan fuerte y bien alto a ese horizonte verde
al que deben proteger

Es que los pájaros arroceros llegan como derrumbes silenciosos
son voraces
¿Su mayor virtud?
claro
la obstinación
Pero ese hombre
con sus cantos
sus gritos
y esos cascabeles reciclados desviarán su rumbo

El carácter poético del no lenguaje en estas imágenes está unido con el espíritu y la conciencia de cada quién. De lo que reconocemos como valioso de todo este proceso que existe desde el campo a nuestra mesa.

Yo me asumo también en este universo voraz como una violenta devoradora de granos, mi lucha no se concreta atacar furtivamente un sembradío, mi lucha es humanamente ordinaria.

miércoles, julio 15, 2009

Mi amor se extiende como la verdolaga

Cuando alguien en una superficie de uso común abarca una gran cantidad de espacio o lo invade, le decimos: “te extiendes como verdolaga”. Es que esa hierba rastrera crece abarcando todo a su alrededor. Aunque se parezca un poco a los quelites no pertenece a esa familia y me queda mucha duda de su origen. En la comida árabe está presente, pero según anduve investigando es de origen americano. Así que si alguien está seguro de dónde proviene, podría iluminar mi ignorancia. Se le conoce también como portulaca o lengua de gato.

Cómo será de invasora esta planta que encontré una canción de Rubén Fuentes con bastantes complejos misóginos. http://www.youtube.com/watch?v=dGnZJJEKOF0 Compara el amor de las mujeres y la verdolaga como una plaga. Vamos, ¿por qué despreciarlo? Según el compositor cuando ya se hartó de ellas con un jalón, pues ya, se acabó: la verdolaga y la mujer. Ah, qué bruto, se pierde de dos cosas muy buenas.

Pero por otro lado encontré esta joya maravillosa de nada menos que Totó la Momposina, si no la conocen se las presento, orgullo de Colombia, al igual que Petrona Martinez, "bonito que canta". Pónganse a bailar con esta linda canción dedicada a la verdolaga.



A mi amigo Capricornio en Costa Rica le prometí que le daría una receta para comer verdolagas. Casi siempre las consumimos en salsa verde con espinazo de puerco, pero esta ensalada es una forma bien fresca y sencilla para estos calores.

Ensalada de verdolagas.
Un manojo de verdolagas frescas directamente de Xochimilco
Le cortamos lo más que se pueda el tallo grueso
Esto que sobra se tira,las hojas se lavan muy bien y se ponen a desinfectar.
Una vez escurridas se van desprendiendo las hojas de estos otros tallos que quedaron gruesos, se usan casi las puntas y las hojas tiernas. Se pica un manojo de cilantro, cebolla y jitomate. Se exprimen limones y se agrega sal y aceite de olivo. Se deja que se macere así por 15 minutos.


Se puede hacer una cama con hojas de lechuga y encima colocar la ensalada. En este caso yo corté unas rebanadas de jitomate, porque no tenía lechuga. Esa es toda la simpleza de esta ensalada. Ah, y si pueden no cultiven cariñitos de un instante, así que chiste.

jueves, julio 09, 2009

La memoria emocional de un taquero

Éste es mi taquero de confianza en la Central de Abastos, y ¿qué creen?, tiene muy buena memoria pues con toda la cantidad de clientes que ve todos los días, se acuerda perfectamente del día y la hora cuando le reclamé por darme unos tacos de chorizo quemado. La situación fue tan incómoda ahora que regresé a la Central que...pasú...tuve una sensación ominosa que tienen los hombres cuando las esposas o las novias le reclaman cosas que sucedieron hace ya mucho tiempo. Quién dijera que este buen hombre, que cumple su trabajo en silencio y con mucha concentración, que pareciera que ni mira a los clientes resultó ser más memorioso que Funes.

Yo llegué como siempre: pidiendo mis tacos de bistec y chorizo, luego mi agua de guayaba, piña, alfalfa, limón y pingüica, cuando lo primero que hace es reclamar:


—¿Seguro que los va a querer, porque luego se queja que no le gustaron?


—¿Yooooo?


—Sí, usted y luego me reportó con el cajero, fue hace como tres meses, venía vestida con unos pantalones rojos, una blusa roja también y unos aretotes de plástico.


—Ah, entonces no fui yo, yo nunca he tenido pantalones rojos ni aretes de plástico. Pero ahora que lo menciona ya me acordé que sí, usted me dió unos tacos con chorizo bien pero bien quemado. Eso le quitó todo el romanticismo que tenía con mi taco, y sí, también se lo dije al cajero cuando pagué, porque ni me lo comí.


—A usted y a muchos les gustaría que me corrieran, pero eso no lo van a ver nunca. Otros ya quisieran tener mi puesto, además, yo no tuve la culpa ese día, el chorizo salió así.


— Ay hombre, usted me resultó más sentido que un jarro mal cocido, yo no quiero que lo corran. Fíjese, si regreso es porque me gustan los tacos que usted hace, me gustan las tortillas y los felicito porque quitaron esa máquina que sacaba las tortillas tiesas, estoy viendo que regresaron a hacerlas a mano otra vez.


—Eso fue porque yo se lo pedí al dueño, (al decir esto, levantaba con orgullo su pecho golpeándolo con el trinche con que voltea la carne) muchos clientes como usted se quejaban de las tortillas.


Ya para entonces mis tripas también me reclamaban y chillaban de hambre, yo nada más lo miraba picar la carne sobre la plancha, poner la tortilla y colocar los tacos en el plato para entregarlos a los demás clientes. Para que luego éstos, acompañaban sus tacos con alubias, salsas de distintos chiles, nopales, guacamole, papas, pápalo, pepino, rábanos. ¡Ay ya señor, qué no ve que me voy a desmayar!, ¿qué más quiere que le diga?





Me la hizo cardiaca el condendano taquero, se divertía viéndome que hasta sudaba cada que entregaba un taco y no iba dirigido para mí, se hacía el digno, el muy ofendido. Si hubiera sido en otro lugar por menos que eso me doy la media vuelta y ahí lo dejo con todo su rencor a flor de piel. Lo que hace uno por comerse un buen taco, es que una de las salsa que hacen ahí es mi delirio. Está hecha con chile puya y no sé como la hacen pero a mí no me queda igual.

Finalmente me atendió, seguro pensó que le iba a llenar de baba todo el puesto. Me sirvió mis tacos y de verdad que estuvieron deliciosos. Esperaba que le diera mi opinión de las tortillas y de la carne, quería oir la aprobación determinante, hasta que finalmente terminamos él y yo muy cuates.
De todos modos no me arrepiento. Si nos quedamos callados hasta en estas tonterías nada va a mejorar. Ya sea un restaurante de lujo o una taquería, uno como comensal tiene el derecho de manifestar nuestro descontento por algo que no está en su punto.

jueves, julio 02, 2009

¿A quién le estás dejando tu saber?


Se acabó la deliciosa nieve de limón del mercado de la colonia Industrial.

Se murió don Gil.

Todos los días por las mañanas lo veía vender su nieve artesanal. Llevaba más de 40 años en ese mercado. Desde que yo era una niña este señor ya vendía chicharrones de harina y nieve de limón. Todas las mañanas se sentaba frente a sus recipientes a exprimir los limones y a girar girar girar para transformar esa agua azucarada. Nunca he probado otra nieve que supiera igual de buena.

Cuando yo vivía en esa colonia me consideraba afortunada, había los mejores tacos de carnitas, los mejores sopes y las mejores nieves de limón. La vida se conforma de cosas simples. Vivimos cómodos, felices y ni nos damos cuenta. Hasta que nos falta alguien. Ese alguien que no tiene sustituto porque con él se muere la receta, la técnica, el trato. Así está mi afinador de pianos, por ejemplo, si el fallece ¿a quién le heredará tantos años de conocimiento? A nadie. Eso pasó con don Gil, murió y ni la nieta ni el nieto pueden repetir ese sabor tan propio. Qué lástima.

Estas fotos se las tomé hace ya tiempo, quería hacer un post sobre su nieve, sobre su labor de años y años, siempre haciendo lo mismo. Y nunca lo escribí. Ahora sólo sirve para recordarlo.