"Porque es nuestro existir, porque es nuestro vivir, porque él camina, porque él se mueve, porque él se alegra, porque él ríe, porque él vive: el Alimento"



Códice Florentino, lib,VI, cap.XVII

jueves, octubre 18, 2007

¿Y por qué nosotros no le hacemos boicot?

Veneno me dio mi mamá
leche materna, sí, esa que sale de los pezones de tu mamita tiene plomo

Veneno me dio mi papá
pulparindo y chamoy con plomo mentiroso de los gringos

Veneno le doy a mi abuela
Cúrcuma para prevenir el alzheimer

Veneno me dio mi doctor
Cóctel de hierbas turbo para todos mis males. Casi se sale mi intestino


Veneno te vas a comprar a la tiendita de la esquina
Sustancias cancerígenas, prohibidas en unos países y utilizadas en otros
La razón por la cual hay concentraciones de plomo en alimentos de todos los días no es difícil imaginarla. Y ¿por qué si los gringos restringen productos que nosotros comemos todos los días, nosotros bebemos una coca con ciclamato de sodio? ¿Sólo ellos pueden bajar sus normas permitidas de plomo en los alimentos?

domingo, octubre 14, 2007

La vida cotidiana o lo que es lo mismo, la buena comida es un estado de ánimo



¿Alguién sabe que es esto? ¿A qué sabe?

Ayer en el Superama de la Condechi lo ví, pero no me entusiasme por comprarlo. ¿Qué raro? ¿Será porque sus tallos me recordaron al brócoli? Pues sí, no me gusta el brócoli, lo como por pura obligación, así que se me ponga como perro de Pavlov a salivar con harto gusto y venirme hacer una ensalada de brócoli, paso. Lo mismo me sucede con la papaya, sólo por obligación me la como.

Porque no queda de otra, porque son saludables. Mmh, como ese aserrín que venden y dicen que es pura fibra, ese cereal procesado que se llama All bran, gúacala de perro. A menos que sea en panquecitos con queso filadelphia, de otra manera ese all bran no me entra.

¿Cuántas comidas que uno hace son por obligación?

¿Cuántas veces la comida se convierte en un mero trámite y ya? No le busquen chichis a las culebras por favor.

Esta semana me pasó algo así.

Mi mano, mi bendita mano con linfedema

El lunes me corte el dedo gordo, fue tan profunda la herida que todavía ayer me seguía sangrando. Desde el jueves me comenzó una infección. El dedo se me hinchó como chorizo argentino. Tuve un dolor meco que me recorría desde el dedo a la axila, quería gritar y chillar como Magdalena por los rincones. Una mugre cortadita y cómo me puse. Ahora estoy tomando antibióticos y pues ahí voy saliendo de la crisis.

¿Y la comida?

Pues por eso digo que se volvió sólo un trámite. ¿A poco creían que yo nomás me la paso cocinando comidas memorables, llendo a zaraos y jolgorios, o de manteles largos? Me la pasé comiendo toda la semana en la calle, que si con los rusos o en la fonda de Jazmín. Son de esas veces que uno dice: "Qué hueva, la hora de la comida y ahora ¿qué me como? o ¿dónde como?"

Aunque he de decir que ahora hay un nuevo atractivo en esa fonda de los rusos, ahora venden una cerveza rusa con 8° de alcohol. Ni modo, hay que buscale el lado bueno a las cosas. ¿No?

jueves, octubre 11, 2007

¡Ahh, eso de comer en restaurantes!

Hace más de un año, en una clase disque de periodismo, cochina, antipedagógica y arcaica, con un maestro ídem, nos pidió presentar una entrevista. Enseguida se me ocurrió que la haría sobre lo que atrae de un restaurante. Pero conociendo lo que pastaba este güey que tenía cada ocho días frente a mí, además de sentirme tan poco entusiasta con esa clase, preferí entregarle otra entrevista con toda la formalidad que requería para su estrecha manera de pensar.

Así que entonces yo me quedé con esta encuesta que hice por mail a varios de mis amigos y conocidos. Les preguntaba qué es lo que valoran en un restaurante y si en algunos casos regresaría ahí. Muchas de sus opiniones son graciosas, inteligentes y manifiestan sus propios gustos y personalidades. Esto fue lo que me contestaron.

Jorge Lavalle
1.- Bueno, lo que uno busca en principio es limpieza, un buen sabor, el producto de un buen sazón y que el mesero no mida la temperatura de la sopa con el meñique si te llegas a quejar de que está fría. En particular busco intimidad, tranquilidad, un espacio donde comer a mis anchas, igual o mejor que en casa, lo cual es muy sencillo de lograr en la fonda más humilde del mercado. Busco también un espacio para leer, ya que casi siempre voy solo al restaurante, con la familia muy pocas veces y acudo con amigos sólo que se trate de un compromiso inevitable. Busco un espacio que me "restaure" la energía y la calma, que me permita descansar y meditar sobre cualquier cosa que se me pegue la gana. Busco por tanto comodidad y mantener lejos la intromisión de indeseables, léase conocidos, vendedores o parroquianos que quieran hacer la plática con cualquier pretexto. Busco además un sitio para hacer proyectos, los del resto del día, los que tenga en mente de familia, trabajo, tiempo libre, los de mis próximos días de vida.

2.- Valoro una sonrisa en quien me atienda. Una cara agria me echa a perder la degustación, así que me paro y me voy a buscar otro restaurador, al fin que no es mi clínica del IMSS y me puedo dar el lujo de mentarle la madre a quien me atienda mal desde el principio. Es importante también la comodidad del asiento, pues me ha tocado ir a lugares donde la barbilla me llega a la orilla de la mesa, o que el plato me queda a la altura de las piernas, o que una silla nada ergonómica me lastima las nalgas hasta provocar que entre un platillo y otro tenga que levantarme para dar reposo al músculo y al hueso adoloridos. Valoro la calma de un sitio, y por ende odio un restaurante donde los gritos son el común denominador, ya sea de los comensales o de los empleados, o lo que es peor, de todos, y súmale una vitrola a todo volumen con los Tigres del Norte, eso de plano no lo soporto. También rehúyo (y por eso valoro nuestros mexicanísimos restaurantes de antojitos) aquellos sitios donde el menú viene en francés, en alemán, en italiano o en chino, ¡carajo!, como si para comer un plato de arroz tuviera uno que ser políglota como requisito, no se vale, ¡viva México cabrones!

3.- ¿Que qué me hace volver a un restaurante? Pues debo admitir, a pesar de todo lo anterior, que generalmente es el precio y la limpieza, en ese orden. Si el menú sale en $35.00 con sopa de fideo, arroz, tortillas recién hechas, agüita de limón al estilo de mamá, guisado, frijoles, postre y café, todo lo demás valió sorbete. Los meseros me pueden salpicar de adobo a la hora de servir, puede tener mesa y sillas de La Corona, puede haber un trío norteño y un escándalo infernal de trastos, y gritos como "¡Se trabaja arroz con huevo frito sin yema pa' la tres!", "¡te pedí desde hace rato unas tortillas!", "¡si no me sirve orita mismo, me voy al de al lado!", "¡ya se te quemaron los frijoles!", etc.

4.- Otro motivo para regresar es la sonrisa de quien atienda, sobre todo si se trata de una fémina que se convertirá en heroína de uno de mis escritos, (cosa que ella jamás sabrá, como jamás lo debe saber mi esposa); ya veo a la enigmática galopina ocupada, convertida en princesa de cuento de hadas por mi fértil imaginación, memorizando cada orden, corriendo de un lado para otro con charolas, secándose el sudor de la frente con el delantal, tal vez preparándose mentalmente para el examen que presentará ese día en la tarde, oliendo a grasa y a la batalla diaria de atender a quién sabe cuántos desconocidos con quién sabe cuántas enfermedades y microbios embarrados en las propinas; regresaré a ese restaurante tantas veces como sea posible, buscando hallarme en su área de servicio, aunque es muy probable que antes de que yo regrese ella cambie de área de mesas, o de plano de restaurante, ya que pasará mucho tiempo antes de que regrese al mismo lugar, pues por lo general no voy en una semana al mismo comedor. Además, soy tan tímido que entre la mesera y yo lo único que se cruzará será el menú, su confirmación y la propina.

5.- Otra cosa que me hace volver a un restaurante es su capacidad de restauración psicoanalítica, su poder de recuperación nutricional (tal vez más su poder llenador que el nutritivo) y de paz espiritual. Si mi karma lo agradece, seguramente volveré algún día, buscaré a la mesera que ya no está y leeré lo que lleve a la mano, o simplemente me dedicaré a sopear, a cortar la carne, mientras observo los detalles del lugar, la cara de la gente y las historias que imagino en cada gesto.

Alma Mireles:
Cuando voy a un restaurante lo primero que tomo en cuenta es el lugar, y depende de esto y de los precios será el servicio, me gusta mucho ir a El Cardenal ahí comemos pechos de ternera muy sabrosos. Pax tienen una comida mexicana con presentación de chef, muy sabrosos los camarones al ajillo, está en la calle de la Paz en San Angel. También me gusta ir a La ex Hacienda de Tlalpan preparan los escamoles muy sabrosos y San Angel Inn deliciosa la langosta, en estos lugares claro por los precios casi te dan de comer en la boca, siempre están limpísimos los cubiertos, la comida en cada uno de ellos es muy buena y sus ambientes tranquilos y agradables. Otro lugar es Los Girasoles, que esta a un costado del Munal, tiene platillos de alta cocina mexicana ahí he comido un robalo con salsa de pepita. A mi marido y a mí nos gustan los lugares tranquilos y pues creo que siempre aprecias mucho el servicio y la explicación que solicitas sobre el platillo. Pero también me gusta comer en los mercados sobre todo en Oaxaca. Pero lo más importante para mí es la facha del lugar y lo limpio de los cubiertos, platos y vasos. Es horrible que te sirvan en un plato chorreado o sentir los cubiertos pegostiosos. Cuando como en la calle me fijo en el puesto más limpio y que las señoras que guisan usen blusa o vestido con mangas, como que comer con olor a sobaco me quita el hambre.


Elizabeth Krall
Maestra de Inglés
La comida es algo intangible pero necesaria. Pero, ¿por qué regresamos a un restaurante?. Dudo mucho que sea un platillo inolvidable porque no vamos a regresar a pedir el mismo alimento...y a lo mejor el resto del menú no vale la pena. Un buen servicio puede ayudar a un regular guisado. Lo que es ambiente para mí no es un buen ambiente para ti...creo que es una combinación de todo en la proporción de cada persona con un valor agregado. Te hacen sentir importante y especial para ellos (aunque sea el taquero).También depende de la ocasión y el bolsillo, no vas a celebrar tu cumpleaños en la fonda, ni comer a diario en el Lago.
Nada de esto ayuda mucho, pero si llegas a una conclusión. ¡Avísame por favor!

Enrique Escalona del Moral
La panza es primero.
Normalmente privilegio la atención y el servicio sobre el sabor de los alimentos (claro, una excelente atención no justifica platillos pésimos).
1. ¡Atención! ¡Coman, ya!
Una ocasión, al deambular por la calle de Allende, decidimos, Rosy y yo, entrar a comer en "La Vasconia". El olor de los pollos rostizados nos sedujo. Nos sentamos y una "linda" mesera cara de sargento mal pagado nos aventó la carta. Muchos minutos después la cara de sargento nos tomó la orden (mejor dicho nos ordenó pedir). El hambre y el aroma de los pollos evitó que nos saliéramos: teníamos la esperanza que el platillo recompensara el mal servicio. Cuando cara de sargento regresó con la comanda, ¡oh sorpresa! El pollo rostizado estaba tibio y las papas fritas ¡frías! ¿reclamar? ¡ni pensarlo! Más valía comer sin enojo para evitar ser fusilados. Finalmente, nuestro apetito estuvo por encima de la mala calidad del alimento y el pésimo servicio.
2. A recoger los muertos
Normalmente, mis amigos cinéfilos y yo tomamos como refugio postfillmico para cenar el Restaurante "la Pagoda"(antes La popular) que está en el Centro Histórico (junto al bar La ópera). Sin duda, el lugar equilibra buen servicio y buenos alimentos, donde el café con leche y el pan, a mi parecer, son lo más sabroso (junto con la sonrisa de algunas meseras y el buen ver de algunas comensales). El lugar te permite charlar, aunque debido a un criterio eficientista las meseras están demasiado pendientes de recoger los trastes vacíos de las mesa (recoger los muertos, dicen).
3. Lo que importa es vender
Nada más peleado con el buen sabor y la atención que un puesto de tacos "sin corazón", donde al empleado no le importa el cliente y donde al dueño le interesa maximizar ganancias. En mi amplía experiencia tacófila he comprobado que, regularmente, los taqueros se ofenden si sólo te comes un taco ¿sin refresco? Esperan que por lo menos pidas tres con su respectiva bebida. Inténtenlo y ya verán: antes de darte el taco insisten: ¿algo de tomar?, más por vender que por servicio, Y antes sobre dar la última mordida viene el clásico: ¿le doy otro? Cuando dices "no, cóbrese uno" la mirada del taquero será...indescriptible, pero para que lo explico, mejor vayan a comprar un taco y lo entenderán.

Atma Santa Cruz
Restaurantera
Cuando pienso en ir a un restaurante, como me gusta comer sabroso busco eso: un buen comer. Aunque ahora con esta experiencia que la vida me puso en medio no sólo pienso en lo sabroso, sino que busco que este sabroso y lo mas sano posible. Lo sabroso lo valoro en que este hecho con ingredientes de primera y preparado al momento. Mmmh, aunque claro con el pan no es el mismo caso, me gusta ese pan de fermentacion lenta y preparado sin prisa: eso de chopearlo en un platito con aceite de oliva y su toque de vinagre balsámico me encanta. Mientras más rustico este el pan más me gusta y pensando en tus preguntas el buen pan es algo que me hace volver a un restaurante. También me hace volver unas buenas salsas y unas tortillas recién hechas y si son a mano aun mejor, como en la fonda Chelo que tiene las tortillas mejores del mundo y una salsa molcajeteada que la envidiaria el restaurante más caro.

En fin mi Carmen que a grandes rasgos te va esta poco de ayuda, porque como que no ando muy inspirada.

Stella Cortéz
Al leer tus preguntas vino a mi cabeza un mundo de evocaciones y sensaciones, al acordarme de un platillo que comí en determinado lugar, ¿Cuáles son mis lugares favoritos?

Siempre me gusta tratar de descubrir nuevos lugares donde se coma bien, y bueno, trato de saborear la sazón, disfrutar de las atenciones de meseros y capitanes, fijarme en los precios, olvidarme del tiempo que está tan escaso, y que ya cuando te acuerdas ya se te fue el día…pero invariablemente vuelvo a mis consentidos. Sí, son seis los que encabezan mis preferencias:
Bondy
Cluny
Las Lupitas
Mazurka
Italiannis
Azul y Oro
Cada uno de estos lugares encierra bienestar, evocación, placer por la delicia de sus sabores, de saberme consentida por unos momentos, porque ¡ah cómo es rico que te atiendan bien! Es un abstraerme de la ciudad que está afuera, de los problemas a solucionar, de la chamba, de la cotidianidad –a veces horrible– el recuerdo de la compañía en otras épocas, la infancia, etc..

Podrá haber lugares exóticos de comida oriental, otros donde comas magníficos cortes de carne argentinos, lugares sofisticados que pretenden servirte gastronomía mediterránea, pero pocos logran eso que hace que vuelvas, que te sientas como en tu casa, que cierres los ojos con cada bocado. Porque simplemente es delicioso, que disfrutes recorriendo la carta para ver que platillo pedirás, o para constatar que sí, la chivichanga, las gorditas norteñas o el atole de canela (único) de Las Lupitas siguen ahí esperándote, igual que la plaza Santa Catarina detenida en el tiempo, que te invade algo tan especial cuando ves la sencillez del lugar, sus paredes, sus cuadros, sus macetas en las ventanas.

Que cuando entras de nuevo a un lugar te invadan los olores de su repostería y con ello la nostalgia de las veces que lo visitaste con tus padres, como me pasa en Bondy. Que valió la pena cruzar la ciudad y llegar hasta Polanco y enfrentarte a la indecisión de lo que vas a ordenar, que como niño chiquito esperas que el mesero llegue con la charola de los pastelitos, que quisieras tener el tiempo para de vez en cuando irte a desayunar y alcanzar una de las conchas que hacen y que se acaban bien pronto, que te gustaría tener el dinero para llevarte un pastel de trufa.

Que saborear algo delicioso, acompañado de un cuarteto de música que interpreta a Chopin sólo te lo puede dar el Mazurka, y que tal vez sea de las pocas veces que pisas la Nápoles. Esa casa de construcción tan representativa de una época te trae el recuerdo de otros tiempos, de las veces que fuiste con seres muy queridos a recibir el año nuevo y te sentiste como de la high, comiéndote el pato y la crepa con bluberry.

Tal vez en mi lista te parezca convencional ¡cómo el Italiannis junto a las Lupitas,! pero cada vez voy probando diferentes platillos y los comparto, entro en una comunión muy especial con la otra persona. Siempre descubro nuevos sabores en esos platillos italianos, me encanta cada trago de clericot. Y termino decepcionada de ya no tener lugar para el postre y el café. Eso es algo que no perdono pues cierra con broche de oro la experiencia

Volver a tus restaurantes favoritos es volver a otra atmósfera única, eso me pasa en Cluny… y cuando lo recuerdo con cada una de las deliciosas crepas que he ordenado, me da coraje que pase tanto tiempo entre las visitas y que a veces coma más seguido en algunos dizque restaurantes. Me invade la nostalgia de San Ángel, la intimidad de la iluminación, me siento trasladada en segundos de chilangolandia a la France, en fin.

Para quienes trabajamos en la UNAM es un deleite contar con el Azul y Oro, es como un oasis en medio de la nada, en medio de los puestos de tortas y hamburguesas…por cierto si no has ido te lo recomiendo. Ahí me encanta ver las novedades del mes, que el chef Muñoz Zurita se pasee entre las mesas como monitoreando, vaya hasta se me olvida que no permite fumar, total, ya al salir lo haré junto a la fuente o en la escalinata de la Neza, Es como viajar por esa nueva gastronomía mexicana, tan tradicional y tan deliciosa.

En fin Carmencilla, espero que mis líneas te sirvan de algo, tal vez no me ceñí a responderte pregunta por pregunta y a lo mejor dices que me eché un chorote.

Silvia Adel
Catadora de Café
Lo que me hace regresar a un restaurante es la calidad de los alimentos, el servicio y el manejo de los productos. La preparación más apegada a la tradición, por supuesto la combinación de aromas y sabores, texturas y colores todo eso me gusta porque soy muy sensible a ello y muy visual. Por supuesto debe haber música acorde al lugar. Lo que más valoro son los aromas y sabores naturales y autóctonos, también la atención al comensal, la limpieza y confort del restaurante. Hoy no estoy muy inspirada, espero te ayude en algo.

Ana Luisa Lacorte
Diseñadora Gráfica:
Por supuesto lo que más se te queda es el sabor de la comida pero en cada restaurante tienes expectativas diferentes. Lo que sí es que, al menos a mí, siempre se me queda grabada la atención de los meseros. Que te pelen con una sonrisa y que no se tarden. Que se fijen en lo que están haciendo y no lleguen con la sopa sin cuchara. Eso para mí cuenta mucho. De los platillos en general no experimento mucho, me caso con cosas que me gustan pero desgraciadamente uno va buscando ese sabor en todo. Algo que engloba ese sabor al menos es la sal. Me choca la comida que no sabe a nada, lo mismo para las aguas de sabores, con harta azúcar! Odio reconocer sabores de lata en la comida de restaurante. De mis restaurantes favoritos son el Danubio y sus langostinos, los chiles en nogada o las pechugas con nata de La hostería de St. Domingo, y la ensalada Kanitai del Sushito entre otros. Espero te sirva

Maribel Puig:
Cocinera
Yo en un restaurante empiezo por el concepto "calidad- precio" no hay cosa que más me moleste que te vean la cara. Ejemplo: Si entras a una fonda, sabes cuales son sus limitaciones. Ahí lo que quieres es que las cosas sepan rico, no esperas gran decoración ni servicio de filipina, esperas que el servicio sea más o menos rápido y que la comida esté buena de sabor. Si te cobran por una carne de origen desconocido y mal sabor $ 100.00 brincas. En un restaurante de alto precio lo que pides es que todo esté bien. Buena recepción, mesas bien montadas, camareros atentos y que sepan lo que están haciendo, y sobre todo buena cocina. Esto quiere decir platos bien montados, con el término adecuado de cocción, con el tiempo correcto de servicio. En México, es bastante difícil conseguir todo ésto, pero cuidado ¿que tal los precios?. Los restaurantes no cobran tan cara la comida pero se cargan en cuanto a la bebida. No es posible que un vino que en supermercado cuesta $ 100.00 te lo encajen a $400.00. Otra cosa importante no mantienen la calidad. Quieren poner un restaurante y que a los seis meses les reditúe su inversión; eso es casi imposible, pero como ahora hay inversionistas que en lugar de invertir en CETES ponen un restaurante ...
Te digo una cosa, tampoco hay una cultura gastrónomica muy amplia, poca gente exige, porque poca gente sabe... Lo más que hacen es no regresar, pero poca gente devuelve un plato a la cocina porque no le satisface. Eso creo que es inseguridad gastronómica, porque a fin de cuentas no saben a que sabe lo que pidieron. Muy pocos restaurantes persisten en su calidad, los que lo hacen subsisten.
Un abrazo

miércoles, octubre 10, 2007

Literatura blog


Archivo Hache
Literatura blog
por Heriberto Yépez
http://www.milenio. com/suplementos/ laberinto/ nota.asp? id=555590
6-Octubre-07

Cuando en 2002 comencé a escribir en blog (entonces llamado Border Blogger) no faltaron amigos que me recomendaban cerrarlo inmediatamente porque el blog era visto, entonces, como callejero, amateur, antiliterario. Tener blog era desprestigiante.

En un lustro todo ha cambiado. Hoy escriben en blog autores tan reconocidos como Christopher Domínguez o José de la Colina. Qué bien que ya no exista ese desdén.

Un blog es una página que su autor mismo sostiene. Ésa me parece la característica más concreta del weblog. Tiene que ser un espacio levantado, autoconstruido y mantenido por el individuo que lo firma. Si no es así, se trata de otro género.

El blog, además, no es un sitio donde se copypastean textos. El blog tiene su género central: el post. Un post es un texto relativamente breve, una especie de ensayema, de tipo informal, con temas cotidianos en que la autoconstrucció n de la figura del escribiente es la teleología. El post es una tecnología del yo, para decirlo con Foucault. Se trata de crear un personaje vital.

El trasfondo del blog es cuál es la relación entre escritura y vida.

Otra característica del blog es que se trata de una herramienta posmediática, esto es, es un contrapeso crítico al pensamiento impulsado por los periódicos, sus suplementos y las revistas.

Como en el blog se autopublica lo que se desea —¡adiós editor!— tiende a generar polémicas y fuerzas de resistencia. La literatura mexicana de nuestra generación debe al blog muchas de sus actuales características. El blog, por ejemplo, ayudó a mermar el poder del centro del país, y si hoy revistas como Letras Libres tienen blogs —muy interesantes, por cierto— se debe a que blogs de escritores mexicanos de varias generaciones erigieron desde su espacio-tiempo autónomo, cotidiano, comunidades de lectores que, en algunos casos, diariamente siguen los nuevos posts de ciertos blogs.

El blog, para bien y mal, acercó al escritor y al lector.

En México todavía no se explota bien al blog. Faltan blogs teóricos, por ejemplo. Blogs de reseñas independientes. Blogs con crítica sagaz y, a la vez, que construyan una paradójica privacidad pública (siempre ficticia).

Lo que los lectores del blog buscan es asomarse a la vida del autor. El blog es un género biográfico. El blog no se ocupa de mis opiniones sino de mi existencia. Es una combinación de e-mail, prosa lúdica, anuncio y diario. El blog es autogossip. Se trata de un ensayo intermitente acerca del yo y los otros.

Como lo dije hace cinco años, si Alfonso Reyes hubiera nacido en nuestra época hubiera tenido un blog y ese blog hubiera sido el mejor. Reyes era un maestro de lo anecdótico, lo instantáneo y lo breve, las tres virtudes máximas que puede tener el blog.¿Qué es un blog? Un blog es un espacio-tiempo de autoconstrucción de un heterónomo digital del escritor.

heribertoyepez@ gmail.com

domingo, octubre 07, 2007

Se trataran temas como:

- La evolución histórica de la alimentación en México
- Análisis antropológico del consumo de alimentos.
- La producción de alimentos en México
- La tradición culinaria mexicana
- La alimentación y la salud
- PANEL DE DEFENSA DE LOS RECURSOS ECOGASTRONÓMICOS, LA LUCHA DE SLOW FOOD: CINCO PANES Y DOS PESCADOS ¿PARA TODOS?
. La recuperación de la base alimentaria – El baluarte Slow Food del Amaranto en Tehuacán
- La defensa de los recursos genéticos en México
- Los recursos alimentarios de la humanidad
- El enfoque de lucha de Slow Food

ACTIVIDADES ADICIONALES:

· Exposición de carteles con investigaciones o acciones relacionadas con el tema
· Feria gastronómica


Conversación con Memito



-Mi papá cocina y me hace de comer bien rico. Me hace pollo y carnita, bien sabrosa.

-¡Qué bueno Memito! ¿Y tú mamá?

-También, ella me da pan con nutela.

viernes, octubre 05, 2007

Mis vicios son otros

Mi amiga María, la colombianita ,me ha llevado por caminos de perdición. Hace ya varios meses que abrió para mí un mundo nuevo. Me llevó al mercado de Medellín en la colonia Roma y ahí en algunos puestos me mostró un montón de productos colombianos. Que si el famoso aguardientico anisado que tomaba la Gaviotica y su mamá en Café con Aroma de Mujer, que si una pulpa de fruta congelada para hacer agua de Lulo, arepas colombianas, empanadas, café, arequipe (cajeta, pero de vaca), y demás chunches para preparar comidas sudamericanas, incluida harina para pão de queixo, harina de yuca, yucas frescas, ñame, cebolla de verdeo, plátano macho verde. Interesante sería que se dieran una vuelta y se aventuraran a probar todo esto.

Ese día fuimos a conseguir las cosas para guisar un Sancocho que María me iba a preparar en su casa. Entre las muchas cositas que compré por curiosidad, me traje una bebida de malta que se llama Pony Malta. María no estaba tan entusiasmada cuando le pregunte si le gustaba:
-Mhh, pues en Colombia los niños la toman y les gusta mucho, es muy nutritiva, pero a mí no me gusta. Sin que me importaran sus preferencias yo decidí comprar dos botellitas que por cierto se me hicieron caras. $18.00 cada una, más que una cerveza Casta que cuesta $15.00 en un oxxo. Pero como me aseguró que sabían a malta, no dudé en gastarlo. El Sancocho que nos preparó estuvo buenísimo, lo acompaño con patacón de plátano, agua de Lulo y de postre nos dio obleas con arequipe, que Analuisa y yo terminamos lamiendo el frasco como gatas golosas.

La Pony Malta que traje a mi casa la metí al refrigerador y a los pocos días la probé. Ahh, ese sabor profundo a malta tan apreciado para mí, ligeramente caramelizada y cerealosa. Tan buena que no creí que no tuviera alcohol, un atroz descubrimiento.

¿Por qué? Porque desde entonces cada que puedo me tomo una o dos por semana. Otra cosa que he experimentado es que si la incluyo en lugar de agua para hacer pan, éste queda bastante aromático. Estoy tentada en preparar una masa agria, para hacer un pan más maduro e incluirle melaza, ya veré si lo experimento. También se me ocurre que como masa de pizza podría darle buen sabor. Es por eso que me lamento haberla conocido, porque mi presupuesto merma, y me siento como dicen los anuncios bobos: a todos en casa les encanta. Ahora por más que trato de olvidarme de ella, mi paladar reclama ese sabor. Chin, me he vuelto una pinche viciosa de una bebida sin alcohol, que bajo he caído.

miércoles, octubre 03, 2007

¿Quién es el que anda aquí?

Me gustan las canciones que cuenten historias, eso ha sido desde niña. Y no sólo historias, imágenes que muestren palmo a palmo la vida cotidiana y a la vez desarrollan mi imaginación.

La niña solitaria que solía ser, tenía un pequeño tocadiscos que disfrutaba golosamente por ser sólo para mí. Oía todos los discos que me prestaban mis hermanas y también una pequeña discoteca de acetato en tamaño pequeño (sencillos les decían) casi todos eran de Crí-Crí.

Mi vida la veía reflejada en esas canciones, yo era ese elefantito que le chillaba a su papá que no le gustaba la sopa de lenteja ni de fríjol. Mi hermano era el comal fregón y yo la olla regañona. En La Merienda estaba presente la desagradable nata que le salía a mi leche. En Bombón Primero, la princesa Caramelo me parecía una melindrosa por no querer vivir con un rey en un castillo con murallas de membrillo y que en vez de pelo le brotaba pura miel – mmh, aprovéchate mensa–. Podía despertar mi miedo culposo con Las brujas, o mi ensoñación con el Baile de los muñecos.

Se cumplen 100 años del nacimiento de Francisco Galbilondo Soler -Crí -Crí- este 6 de octubre y no he visto pasar otro compositor de música infantil con esa sencillez, originalidad y versatilidad musical.

Crí-Crí era capaz de escribir una canción a una tiznada olla de frijoles y a un viejo comal, como establecer una crítica social desde la perspectiva de un Jicote aguamielero. O tatuar para siempre la crisis económica con La patita. Su música sembró en mí ese orgullo por la mexicanidad, por ver con otros ojos los objetos que consideramos “inútiles” y por supuesto por no perder esa capacidad de asombro de un niño.


domingo, septiembre 30, 2007

De ensoñaciones y desengaños

Este artículo no tiene desperdicio, lo tomé del blog de Magda y ella a su vez del envío de un amigo. Échenle un ojo.

Literatura y cosmética

Rafael Gumucio

Es difícil no enamorarse por carta, por correo-e o por Messenger. Nada enamora más que la distancia, que la espera, que la impotencia, la imposibilidad de poseer al otro ahora mismo. El amor se nutre de los aplazamientos; el sexo puede detestar la impotencia, el amor es finalmente siempre una forma de ésta. Amamos lo que no tenemos, porque es nuestra única forma de tenerlo. O de sentir al menos por un segundo que lo tenemos. Amamos a la que se fue, porque a través de las cartas, de los Messenger, de la urgencia siempre aplazada de nuestros sentimientos, podemos mentirnos y pensar que no se ha ido. Amar es en gran parte una forma de salvar las distancias, de negar la muerte -esa distancia final.

Amamos por carta, por correo-e, por Messenger esa distancia, pero también admiramos a un extraño tipo de belleza que se abriga en la escritura. Pocas son las personas que logran ser feas por escrito. Basta que alguien nos escriba con cierta gracia, con cierta sinceridad, evitando los más vistosos lugares comunes, las más atroces pedanterías, para que le encontremos gracia, estilo. Si no conocemos a la persona que nos escribe, nos imaginamos una armonía sutil en su rostro, un cuerpo indestructible, una sonrisa plena que nos hace bien. Estamos acostumbrados a atribuirle al que escribe una cierta belleza estándar -que llamamos normalidad- que no existe fuera de las letras. Es quizás la verdadera razón por la que tantos se dedican a la literatura. Quieren igualar bajo la sintaxis los accidentes de su cutis. Quieren verse bien.

Solemos al leer saltarnos el contexto del que nos habla, la banalidad de una cara, la normalidad de un gesto que por escrito se parece al gesto de Dante. Nos sentimos solos frente a otro ser que, lo quiera o no, se convierte para nosotros en el momento de la lectura en un Dios. Lo sabe cualquier narrador: la belleza de un personaje no necesita ser casi descrita, con dos o tres trazos la imaginamos perfectamente; la fealdad en cambio, o la mediocridad, tiene que sernos descrita con precisión, con cuidado, para que la creamos.

Ante alguien que cuenta, somos los que escuchamos, los que leemos, impotentes y ciegos. Nos guía el narrador, nuestro lazarillo, nos convence -porque dependemos de su voz, porque es nuestro único contacto con el mundo- de que su rostro es perfecto, que su aliento es divino, que sus intenciones son las mejores del mundo. Nos enamoramos tarde o temprano de nuestro salvador, de nuestro amo, de nuestro abusivo guía. Le creemos hasta que otro guía lo desmienta, y nos enseñe hasta qué punto el guía anterior nos engañaba. Sócrates se hizo filósofo para, ante los ojos de sus auditores, transmutar su fealdad en poder, su vulgaridad de ateniense medio en verdad eterna. El ciego Homero contaba historias de Troya porque cuando recitaba parecía ser el único que veía. Los otros, los que lo oían, eran los ciegos.

La vanidad de los escritores no es espiritual o ideológica, es ante todo física. Se escribe para decir algo, o para ser querido -como decía García Márquez-, pero sobre todas las cosas se escribe para ser buenmozo. Los gordos escriben para ser flacos, los flacos para ser sólidos, los feos para acostarse con mucha gente, los buenosmozos para ser, de viejos, cuando sus rostros los abandonen, al menos interesantes. Nada de raro que los problemas y manías de los escritores -y más aún de esta contradictoria categoría de los escritores jóvenes- se parezcan a las modelos de pasarela. La vida sexual de muchos escritores, que sin la literatura permanecería en la rigurosa abstinencia o monogamia, es promiscua y deshilachada. Poseedores de una belleza artificial, de una belleza prestada, intentan una y otra vez probar los límites de su nueva apostura, hasta que ésta se gaste.

Los autores que rechazan sus fotos en las solapas, lo hacen por pura vanidad cosmética. Da lo mismo que en el relato confiesen tener una joroba, o alimentar tres verrugas en la nariz; la fealdad que puede imaginar un lector siempre es infinitamente menos desagradable, siempre más sublime o heroica, que la que el autor esconde en su pieza. No quieren que los lectores al ver la foto en la solapa bajen del pedestal al autor. La fealdad, la monstruosidad por escrito es siempre única, la fealdad -y la belleza- en la vida real es banal, generalmente común, se pierde en la calle, se confunde, fluye sin que la podamos tocar.

La vanidad de la escritura parece más duradera, más profunda, más interesante que la de las quinceañeras, o la de los modelos de Calvin Klein. Es a la postre más monstruosa, más patética, sobre todo cuando no va acompañada de talento. Un talento que sabe que es en el flujo vulgar de rostros que no nos dicen nada, en esa piel llena de errores que llevamos, en esa vulgaridad que escondemos detrás de las palabras, donde está el verdadero sentido de la escritura. El talento que sabe que ese poder, el del que cuenta, es también una dictadura; que esa belleza, la del que nos hipnotiza, es también una de las formas del horror.

El mercurio 16.09.07

jueves, septiembre 27, 2007

Respetando la receta

¿Por qué será que la mayoría de nosotros trabajamos mejor bajo presión? o ¿Por qué esperamos siempre el último día para todo?

El último día para pagar esa cuenta que se vence, el último día para ir a comprar el regalo, el último día para entregar un trabajo, el último día para entregar el cuento a esa convocatoria que cerrará.

Y a aprender a disfrutar esa tensión de saber que la creatividad tiene un límite de tiempo. Así me pasó ayer. Horas después de haber entregado el cuento las manos me temblaban y mi estado ansiedad no tenía límite. Era una especie de euforia caricaturesca. Tal vez en honor al nombre que use de seudónimo. No se los digo porque es secreto, pero imagínenlo nomás.

Pero hay algo, una pequeña parte de mí que no funciona del todo así. ¿Por qué será que cuando se trata de comida esta personalidad indómita que corre como caballo salvaje en desbandada se desplaza en otra dirección?

Me vuelvo una mujer disciplinada, me voy abasteciendo cuidadosamente de lo necesario para preparar una comida especial, con mucha anticipación, teniendo el cuidado suficiente porque que la mayoría de los ingredientes son productos perecederos. Reflexiono sobre la combinación de los alimentos, su presentación, su cocción. Soy otra Carmen.

No entiendo, sólo en ese tenor mi organización trabaja al 100%, me las puedo dar de muy eficiente ¿qué tal?

Pero quisiera ser así al menos en la narrativa. La base, los cimientos, la estructura, el conflicto, el giro, el desenlace del cuento los dejo envueltos en un chilaquil de historia y luego estoy chillando porque no me sale algo digno. La receta de los grandes cuentistas la dejo olvidada en el más oscuro rincón, y quiero desarrollarme empíricamente. Haciendo malabarismos en la barda de púas del vecino. Aquí ni mi agudo olfato, ni mi crítico paladar funciona. “Ah que la chingada, me tengo que ir por el camino pavimentado, encorsetada, de tacones y con traje sastre”

Duele el equilibrio, duele la encorsetada, duelen los manuales, duelen las recetas y lo peor es que no hay otra manera.

lunes, septiembre 24, 2007

El mundo huevo

En el principio este mundo era inexistente.
Se volvió existente.
Se desarrolló.
Se convirtió en un huevo.
Permaneció por el periodo de un año.
Se partió.
Una de las partes se convirtió en plata, otra en oro.
Esa que fue plata es esta tierra.
Esa que fue oro es el cielo.
La que fue la membrana externa son las montañas.
La que fue la membrana interna son las nubes y la niebla.
Donde estaban las venas están los ríos.
Lo que era el fluido interno es el océano.
Lo que nació de este huevo es el sol.
Cuando nació, gritos y alabanzas y todos los seres y todos los deseos brotaron de él.
Por lo tanto a su salida y a cada regreso suyo, gritos y alabanzas y todos los seres y todos los deseos surgen de él.
-Chandogya Upanishad, ca. 800 BCE

miércoles, septiembre 19, 2007

No me sale el cuento, buuuuuuu.

Revisando la red me entero de esta noticia.
Una máquina despachadora de helados evalúa el grado de tristeza que tenga el cliente.
Dr. Whippy es el nombre de esta máquina de helados que fue presentado en una feria de tecnología.

Dr. Whippy hace un análisis a la voz del cliente y a varias de sus respuestas formuladas para saber su grado de tristeza y depresión. En virtud de esto, la máquina terapeuta despachará la cantidad de helado necesaria para combatirla. A mayor grado de tristeza la máquina proporcionará mayor cantidad de helado.

¿Y a cuando me ponga goooooooorda de tanto comer helado quién me va a quitar mi tristeza? ¿Comer para olvidar?, naaa.

¿Por qué mejor no inventan una máquina que me saque de la crisis cuando no me sale un cuento? Eso si es tristeza.

lunes, septiembre 17, 2007

El secreto mejor guardado


-Mira, la flor de un latte perfecto. Nunca te hubieras imaginado que en un mercado de la colonia Del Valle ibas a encontrar un café así.

-Ni en un pinche Starbucks te lo preparan con esta espuma, además que diferencia de precios.

-¿Y te gustó la natilla express?

-¡A que delicia!, lo malo que ya empiezo a ponerme ansiosa, a una loquita como yo el café me acelera tanto como para ir a correr la maratón.

-En este mercado llega mucha gente nada más a comprar su café, vende muy buenas mezclas.

-Pues sí, nunca me hubiera imaginado que lo atendía el dos veces Campeón Nacional de Baristas de México.


Hay que preguntar por sus creaciones, como la natilla express (delideliciosa) , sus capuchinos con dibujo, o su Alegría: expreso, crema y almíbar de hoja santa. Vende buenas mezclas de café de grano y este mes de septiembre, los días 22 y 23 tiene preparado un curso intensivo para hacerte un experto en preparar café.

Café Passmar atendido por Salvador Benítez
Abierto de lunes a sábado, cierran a las 7 p.m.
Mercado Lázaro Cárdenas
Adolfo Prieto s/n local 237 entre Romero de Terreros y Av. México Coyoacán
Col. Del Valle
5669 1994

jueves, septiembre 13, 2007

Auto balconeo

¿Han visto esos mares adentro de las botellas? Esos minúsculos universos nostálgicos apresados en el cristal. Siempre me han parecido llenos de un encanto ensoñador.




Lo que traigo a cuento comienza por aquí, sucede que de repente me gusta comprar distintos tipos de chocolates y hacer comparaciones de su calidad, en este mes patrio les tocó a los chocolates con tequila. Compré unos de la marca Turín con Tequila José Cuervo Especial. El chocolate es semi-amargo y esto se agradece porque el relleno de jarabe de tequila es bastante dulce y pega con tubo, aguantan. A estos les puedo dar un ocho en calificación en cuanto a la calidad del chocolate y consistencia del relleno, que no es demasiado espeso y se agradece ese color transparente que podría ser lógico en un chocolate con tequila.


También compre chocolates amargos de La Suiza con Tequila Corralejo, ese de la botellota de vidrio soplado color azul niveína.
Cuando quise sacarlos me llevé una sorpresa, no salían por el cuello de la botella los méndigos chocolates.

-Y ora? ¿Qué hago? ¿Cómo los metieron ahí? Es demasiado estrecha la salida para sacarlos.

Así me la pasé como cinco minutos sacude y sacude los cochinos chocolates, apenas logré aproximar uno en el cuello de la botella y ahí se quedo, atorado sin poder salir.



Como soy una loca atrabancada lo primero que pensé fue romper la hermosa botella. Pero me negué y seguí sacudiendo la botella con el chocolate atorado.

–¿Pues como carajos los metieron?

Fue cuando me acordé de esos barcos hechos por hábiles artesanos que se pasaban horas modelando y construyendo su diminuto velero. De algún modo tenían que haber metido estos chocolates.



Hasta que por fin se me ocurrió levantar el papel opaco que cubría el fondo de la botella y me encontré con esto:

Me dió mucho coraje y a la vez pena mi tontería. Llegue a pensar por un momento que a lo mejor había que sacarlos por abajo, pero un romantisismo idiota me impulsaba a pensar que no, que un hoyo en el fondo de la botella le daría al traste a la misma. A punto estuve de estrellar la botella contra la pared como cuando bautizan un barco.

Pasando a los chocolates, he de decir que me quedo con los primeros, la calidad del chocolate de La Suiza no es tan buena y su relleno es muy espeso y más dulce, además de tener un desagradable color verde. Sólo la espectacular botella es el mayor mérito de estos chocolates y si se los regalan a otros mensos como yo, pues hasta una aventura igual podrán vivir algun día.

No se rían, ¿a poco a ustedes no les pasan pendejadas?

lunes, septiembre 10, 2007

Carnita orgánica

Nunca la vacunaron de pequeña, ni siquiera la vacuna de la polio, eran los años 50´s y por todo el país había epidemia de poliomielitis ¿Qué lo causaba? Su madre se respondía la incógnita así misma: La misma vacuna que les andan poniendo. Ese fue el pretexto por lo que evitaron cualquier inoculación indeseable.
Tuvo alergia al polvo común y al polvo de madera cuando adolescente. ¿Vacuna para la gripe o contra la alergia? Ni pensarlo siquiera.
Creció sana y fuerte, como esos frutos que se desarrollan sin cultivo, salvaje y primitiva. Si por alguna razón llegaba a tener algún dolor, alguna infección, todo era tratado con medicina homeopática. Se podría decir que su carne era pura, sencilla, 100% orgánica, lista para salir a la venta en cualquier tiendita de esas que están en las esquinas verdes, o en la sección de los supermercados popis. Su cabello era brillante, su piel elástica, suavecita, invitaba a degustarla a la primer mordida.
Pero esta vida es perfectamente estúpida, justo cuando estaba para ser probada por los más exigentes paladares; le cayó el chahuistle que ya venía asomándose en generaciones posteriores. Recibió el peor de los pesticidas, doce sesiones de quimioterapia y otras roñas por un tiempo. Imposible vender esa carne contaminada con metales pesados, tanto cuidado, tanta salud tirada a la calle. La última alternativa era ofertarla burlando los controles alimentarios existentes. ¿En este país, cuándo? No sería la primera vez que se ofrezcan unos muslos bien gorditos como carnita para tacos al pastor.




más carnita aquí y aquí y acá que está bien terrorífica

miércoles, septiembre 05, 2007

Un cuento chilango

Los oigo pasar, su sonido llena de melancolía estas noches frías y húmedas. Sin embargo cuando salgo a buscarlos se han ido calles adelante y mis pies no logran darle alcance, escapan de mí.

Regreso a casa, a otros vecinos que como yo han salido a la calle y sin lograr tampoco su objetivo. Me dicen: ¿Para que nos llaman si luego luego se van?, nada más nos alborotan el hambre.

Tenía que hacer algo, así que la otra noche los esperé ansiosa y de antojo, con mi bicicleta lista para lograr darles alcance. A las once de la noche en punto los oí, salí atrás de ellos, sin embargo por más que pedaleaba no lograba acercarme a menos de 200 metros, dieron vuelta en sentido contrario y un automovilista me insultó por entrar a circular así en esa avenida. Finalmente con la distracción perdí su rastro.

Me puse de acuerdo con un amigo y días después esperamos que dieran las once de la noche en la calle, curiosamente esa vez no pasó por ahí, sino en la otra esquina de atrás, tratamos de darle alcance, pero ya no lo oímos, ni lo vimos, desapareció en la oscuridad.

Al día siguiente, éramos seis vecinos apostados en las esquinas formando un radio alrededor de varias cuadras, el primero que lo oyera o viera llamaría a su compañero más cercano y así de uno en uno, nos comunicaríamos para perseguir a nuestro escurridizo objetivo.
De pronto, dando la vuelta lo vi aparecer, era un hombre de rostro oscuro apenas si se veía, sólo resplandecían dos focos del triciclo, dio vuelta en el carril en contra sentido de un eje vial, no quise perder ni un minuto llamando a los vecinos y lo seguí con rabia y decisión. Puso el sonido: Tamales oaxaqueños, tamales calientitos, pruebe sus ricos y deliciosos tamales oaxaqueños. Por más que había preguntado nadie nadie había comprado o probado esos tamales. ¿ A quién se los vendían si desaparecían al menor intento por buscarlos? ¿A dónde se iban, dejándonos con el antojo de tamal?

domingo, septiembre 02, 2007

La escondida respuesta o el color de dios


¿De qué color es la espalda del dios que camina

por las veredas pegajosas del mercado?

¿En la nuca del dios hay

un tiempo distinto de los años que en su rostro

sin arrugas contemplamos?

No respondas ninguna pregunta

que no lleve angustia a los huesos endurecidos de tu frente.

No

contestes a las respiraciones con que el aire corroe sin prisa

los ladrillos las maderas los metales las cortinas

de tu casa en el hoy de este ayer.

Pregunta solamente con la voz de un loco

que entierra su lengua en los sombríos sonidos

de su silencio solitario.

Vuelve a preguntar por el cotidiano verbo

de todos los habitantes de esta ciudad

maldecida por el polvo.

Repite tus sílabas cuenta las letras las frases

los recursos del idioma que cambia contigo

al transformarte.

Y entrega ofrece abandona así

Las rasgadas razones que tu dolido paladar jamás podrá

explicarle a ninguno ni a nadie.

¿Cuántas dimensiones tiene

el dios que transita por las cobijas del burdel

o los escupidos escalones del estadio

o los pisoteados coágulos de las carnicerías?

¿Cuanta luz

contienen las sórdidas señales que el dios utiliza

para abrir los caminos como lenguas de inusual dragón

o de quieta serpiente?

Tampoco respondas cuando sean tus encías

esclavas pasajeras de la verdad:

cuando la ácida memoria de un objeto similar

a un corazón contamine las indefensas gestiones

de tu boca.

No quieras responder: destruye ese deseo

desesperado de bicho soledoso que te lleva a descubrir

a eructar a masticar a regurgitar a oscurecer las palabras

que son nada más que fantasmas del dios.

Retírate de tu respuesta

como un vientre que no quiere

contigo unificarse:

apártate de la fuerza del fuego

que se nutre de las babas y las basuras

y las banalidades de esas de esas criaturas extranjeras

que todavía no saben ni defecar ni respirar

ni construirse

como los altos animales que son partículas

de las iluminaciones del dios en otros mundos.

¿A qué

huele la entrepierna del dios?

¿Huele a hembra desvelada

y actuante? ¿a macho calcinado y hacedor?

Aléjate de toda

respuesta: que la pulsión del sueño se descomponga

en tu frente. Que la arena salobre penetre en tus ojos

y la gastada espuma del amor

ciegue tu boca:

Así callaras como ahora

entre invisibles papeles

indecibles pausas

invencibles palabras.





Saúl Ibargoyen
poeta uruguayo-mexicano
de Poeta Semi-Automático
Universidad de Guanajuato

sábado, septiembre 01, 2007

Comida de cumpleaños

¿Qué por que ya no recomiendo restaurantes? Porque me da flojera hacer las reseñas y que no me las paguen, bah, a menos que realmente sea un buen lugar para recomendar, tal es el caso.

Gonzalo andaba muy aguado en su cumple, no quiso irse con sus cuates, ni que yo cocinara, ni recibir amigos, ni tener que ir por las chelas y ser buen anfitrión en su cumple. Quiso pasarlo sólo con las hijas y yo. Como él andaba con antojo de un buen bacalao sin ser navidad, ni semana santa, se me ocurrió que fuéramos a Casa Portuguesa. Y vaya que había variedad de formas y presentaciones, desde lomos sellados a las brazas o acompañados con jamón serrano, hasta bacalaos desmenuzados a las natas, con salsa de tomate, con arroz, con papa. Cada quién escogió su platillo fuerte y mientras empezamos a entrar en calor con unos deliciosos petiscos: Mejillones a la portuguesa salteados en vino blanco olivo y con pimientos, lulas fritos (calamares), bolinhos de bacalao.

Casa Portuguesa tiene una amplia carta para todos los gustos, hay también varios platillos con pato, conejo, carne de res, arroz con mariscos, pollo y hasta cabrito marinado y horneado. El lugar es muy agradable, con sus muros simulando sus típicos azulejos y una preciosa vajilla (tenía que ser) dan un ambiente acogedor, desafortunadamente estaba lleno, todo el ruido hacia difícil escuchar los fados que ponían para ambientar el lugar, mis ojos descubrieron en una pared este fragmento del famosísimo fado que canta Amalia Rodrigues: Tudo isto é Fado.

Tudo isto existe
Tudo isto é triste
Tudo isto é Fado


El servicio es bueno, siempre y cuando no toque un mesero novato tratando de contestarme mis preguntas, afortunadamente fue rápidamente asistido por otro con más experiencia. Eso de que atiendan meseros que no sean capaces de saber detalles sobre los platillos que ofrecen es de pena ajena.

Brindamos con un vino Pisa a Pé, producido según la tradición pisado a pie en lagar típico de piedra, de las castas tradicionales portuguesas Trincadeira y Castelão. Este vinito literalmente hecho con las patas, no por eso menos rico nos acompañó muy bien toda la tarde, que poco a poco se volvió tranquila cuando muchos comensales se fueron yendo, dando oportunidad para disfrutar de la música y llenarse de saudade.

Almas vencidas
Noites perdidas
Sombras bizarras
Na Mouraria
Canta um rufia
Choran guitarras
Amor, ciúme
Cinzas e lume
Dor e pecado
Tudo isto existe
Tudo isto é triste
Tudo isto é Fado

Casa Portuguesa
Emilio Castelar 111 –A
Polanco
Valet Parking
5281-0075 5280 6885